INGRID ODGERS PROGRAMA DE LITERATURA EN TELEVISIÓN
Creadores del BíoBío de Chile
Presentamos a escritores y escritoras comprometidos con la Palabra que desarrollan su obra en la marginalidad lejanos a la academia y en su mayoría desapegados de cánones tradicionales contribuyen al desarrollo literario y cultural de nuestro BíoBío y de Chile. Este es el portal para la difusión de su pensamiento y de sus obras creadas en la silenciosa precariedad nacional.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Juan Polizzi - Concepción
Aquí vamos los viajeros incansables
en brazos de la perpetua sonrisa
tenemos jardines lejanos
y tesoros enterrados en otras islas
vamos siempre tras el mismo norte
desde el primer zarpe, hace tanto tiempo
buscando el mejor lugar para nuestra siembra
encontrando puertos abandonados
donde hombres y mujeres muertos
pasean descalzos por la calle fría
y tañen campanas de duelo en cada esquina
somos nosotros; los malditos
llevamos banderas bordadas en la piel
y la voz gastada de tanto cantar
inmóviles se diluyen los sueños
hay un viento gris que todo lo arrasa
buscamos amor y chocamos con piedras
hay una cárcel en cada alma viajera
que imprime a la vez alegría y tristeza
con tanto viajar almacenando recuerdos
se nos fue la vida sin construir los sueños
y al irnos nosotros no cambiará nada
partirán de otros puertos
los nuevos viajeros a buscar esperanzas
y encontrarán hombres y mujeres muertos
paseando descalzos por la fría calle
NI LOS PERROS LADRAN AL FRIO
Escucho murmullos
Sospechas de intenciones obscenas
Ponen mi mente y mi cuerpo en alerta
Alli van los malos me susurran al oido
Y no veo mas que las hojas arrastrando el otoño
Me duele la paz que no encuentro
Me equilibrio en el pendulo del reloj
Caigo y la rama que aferro se rompe
Sigo cayendo al abismo interminable
Donde hierve mi sangre y me duelen los ojos
No veo, por ver, por tratar de ver, no veo
Me falta el tiempo liviano de la sonrisa
Me acorralan estas lineas que pasan
Se atraviesan y vuelven y no puedo avanzar
Se cortan los caminos en muchos cuadrados
En donde no caven los dos pies juntos
Hay mil bocas riendo a carcajadas
Me salpican sus babas mal olientes
Mil, dos mil, tres mil malas intenciones
Se cruzan y re cruzan, me ponen rejas
Me rompen las manos, la cara, los pies
Se crispan los odios
En el tablero roto de ajedrez
Se equivocan las piezas
Entre alfiles y peones
Se rompe y corrompe el mármol
A los pies de Rey y cae
En el sopor gris de la tristeza
Irene, Irene mi madre me cubre
Con el abrigo de grandes solapas
Me aferro a su cintura y lloro
Un frio de sepultura me llama
¿Será este el ultimo invierno?
Un reflejo de asfalto y de tiempo
Cubren la noche
sin estrellas, sin luna,
ni los perros ladran al frio.
Y las camelias de Margarita
Marchitas en un ricon enmudecen
Y aportamos a este juego la pobreza
Violenta y necesaria para los que son felices
Y ese olor a cesped recien cortado
Impregna la plaza mientras arrullan las palomas
Y al viejo que lucho toda la vida
Acumulando los años y los dolores
Y llueven los dias en el sur
Aburridos de fritanga y vino
Y los cerezos en flor a la muerte del invierno
En libertad la calle de los oscuro.
Y azotase el barco en medio de la tormenta
Agudizando el deseo de hundirse y desaparecer
Loco me dicen, porque miro el espejo y me desdigo
Buscando las verdades que atormentan
Y el marmol blanco te eterniza para amarte
Como tantos otros te amaron en el tiempo
Y me dicen que olvide y perdone
Mientras el mar sigue su baile infinito
Y ahora en esta esquina de historia
Que haremos ahora, que haremos.
Casi un Hombre
Bajo el manto triste de la lluvia
Pasa un hombre casi un hombre
Prolonga sus raices en el cemento
El agua invade su pelo, su barba, sus orejas
Lleva en la suma de sus heridas
El dolor del nido de la calle
Las alas de la noche en el alma y
El vino que pudre sus entrañas
La lengua feroz de un perro azul
Lava las huelas de los tiempos
Quien podria decir quien es culpable
De la tormenta eterna en su destino
Al valle silencioso del otoño
Arrastra sus pasos ya cansados
Las golondrinas en la primavera
No serian las mismas que lo vieron
Los dioses se ocultan en el bosque
Llevan en sus manos los designios
Los aromos se esparcen como trigo
Manteniendo el ritmo de las aves
No habra ni una cruz de madera
En la tumba que culmine su camino
No habran campanas de difunto
Ni flores, ni carro, ni palabras
Nadie sabra al otro dia
Que un hombre casi hombre paso por la vida
Brevísima reseña:
Escritor, poeta y narrador. (Concepción, 1946). Activo gestor socio-cultural, uno de los fundadores del Taller Mano de Obra del Tasys (Taller de Análisis Sindical y Social ), espacio cultural de Concepción. por el cual han pasado más de 40 escritores de todas partes del país. La primera publicación del Taller Mano de Obra fue editada en el año 1984. Ha publicado seis libros de poemas, todos autoeditados y distribuidos mano a mano, una característica del escritor de la periferia a los cuales apunta este programa de Literatura en TV.
domingo, 23 de agosto de 2009
Cristian Lagos- Condemarzo

ESA SUBJETIVA CÁMARA DEL CINE INDEPENDIENTE
Esa que te mira
y deja mirar
la que se hace carne
la que dice que estas viva
la que habla por ti
la que muere cuando mueres
la aparición infame de tu fantasma
la que te captura al desnudo
en plano entero
por que estás en el peor momento de la historia
por que tienes una lágrima en technicolor
por que a veces vives más allá de la apariencia
por que lo humano huele a tristeza y vouyerismo
como una cama abandonada
y como cualquier mar
con marea en retiro.
Es cuando se calla el universo
y aparecen los rostros lascivos
del hambre y el despojo.
Es el abandono total
el exilio de ti y de tu propia casa
cuando alguien al fin, alguien
se muere de pena
tras una pantalla
en la impávida melodía del the end.
AHORA QUE POR FIN VINO EL VACÍO
Y resulta que a esta hora
a llegado el fin como vacío
y nada dejó en las manos,
ni en la cama ni el refrigerador.
La soledad abunda
y se ve tan sirena
sobre la mesa del comedor
los muebles duermen
la vajilla
los papeles
los países que fueron paraíso
está todo con sensación de ausencia
con la sensación de pasos en la arena
como casa sin las boletas de pago
sin el tedio de las ciudades
y sus paseos y sus plazas
infectadas de palomas fagocitas
y animales complejos
con pasaporte humano.
La cacofonía del color,
la jubilación de las flores
las pocas horas donde nunca pasa nada
donde intentas dormir
como si esa cama no fuera otra roca.
LA MUJER DE GOMA ATACA DE NUEVO
Dicen que atacó por primera vez cuando fue expulsada del Gran Circo. Y que tenía amores con el Señor Corales. Que éste era, además, el administrador y que, por despecho, aprovechó sus habilidades de contorsionista para robarle el traje, dejarlo en cueros y en ridículo absoluto.
Así fue que caminó, sola y errante, en busca de algo en la misma nada. Que luego se deslizó, agregan, por entre los banquillos de la Iglesia de Nuestra Señora de Lúcuma y obtuvo el cesto de las dádivas.
Luego todo lo demás.
Imparable, la mujer de goma, se escabulló por entre roticerías y tiendas de abarrotes. Por las oficinas de contabilidad y por los andenes y vagones, hasta llegar a la gran ciudad. Allí dio el primer gran golpe a la Corporación de Beneficencia. Efectivamente se benefició. Por las tardes lucía lujosa y por las noches era una dama alzada contra todo obstáculo material. Se hizo la vida robando, una y otra vez, sin que nadie pudiera siquiera acercarse a conocer su identidad. Un festín para la prensa, una personalidad incógnita y un mar de suposiciones. “La Mujer de Goma Ataca de Nuevo”, aparecía en los titulares de los periódicos toda vez que las casas comerciales amanecían límpidas y vacías.
Fue ganando adeptos y detractores. “Que nadie se escapa de la Ley”- vociferaban altos mandos policiales, políticos de toda clase y voceros de gobierno, pensando que con sólo enunciar aquellas palabras podían hacer desaparecer lo evidente. Que sus palabras podían ser antídotos, que ser y decir son una y la misma cosa. Creían. Pero en el fondo sabían que nada podían hacer y que sólo especulaban, como son sus costumbres. Luego un banco en la periferia, luego otro, el día antes del pago. Era imbatible venciendo obstáculos, rendijas, ventanilla y ductos. Evitaba con maestría censores de movimiento, alarmas silenciosas y sistemas de seguridad de todo tipo. Al final de ese año sucumbió el propio Banco Nacional y con ello vino la debacle. Estado de emergencia, declararon esta vez los mismos, no convencidos de nada y no convenciendo a nadie. Algunos decían que la habían visto, otros que eran amigos de la infancia. María, dijo uno que se llamaba, Rosa, sugirió un vecino cualquiera que apareció en el noticiario central viviendo sus 5 minutos de fama. Lo cierto es que no era ni María ni Rosa y que nadie le podía conocer. Los del circo jamás pensaron que podía ser ella y ya se habían olvidado de que una vez estuvo entre ellos.
Lo cierto es que nadie podía darle caza, era perfecta en el arte de la sustracción. Aeropuertos, centros comerciales, oficinas de impuesto, todo lo llevaba y saqueaba de un modo sutil pero, a éstas alturas, francamente espeluznante. La mujer de goma había renunciado a amar en pro del robo, por que el robo es la tuición total de las especies, todo para una persona y sin dar, por que el amar todo lo cede. Y no volvería a ceder.
La Iglesia ya no podía atribuirle tantas facultades a Satanás, sólo él podía cometer semejantes y recalcitrantes actos, sólo él podía persistir sin conato con el pecado. Por ello la mujer de goma también robó el Vaticano. Para probar que no, que también allí la mano humana todo lo puede. Luego la Iglesia se desdijo, no era posible que el demonio anduviera a rienda suelta en la Santa Sede. Así el mundo comenzó a especular. Si, tal vez, no era el verdadero demonio quien hurgueteaba en los tronos de San Pedro, si El Maligno no hizo uso de su soberbia facultad, pues éste o no era tan poderoso como lo pensaban o simplemente no es… Entonces si ésta maléfica creatura no existe, pues, su antítesis tampoco. Entonces vino la crisis de la fe y con ello la desobediencia. A nadie le interesa un infierno sin maestro de ceremonia. Nadie apostaba por el más allá. La Iglesia estaba en la banca rota.
El País Más Poderoso del mundo intentó hacer causa común, la acusó de terrorista, de enemiga pública, de traición. Pues bien, la dama sabía que no era ni eso ni más, entonces se decidió y contorsionándose por pasillos y hendiduras pudo entrar al Banco del Desarrollo del País Más Poderoso del Mundo y hacerse de todas sus reservas. Nadie lo podía creer. Ahora eran todos vulnerables. Las personas se refugiaban en sus casas, implementaban sistemas de tuno y otras protecciones propias del que no quiere perder nada. Pero toda posesión, hasta la más mínima estaba en peligro. Toda.
Los gobiernos hicieron exóticas alianzas contra la misteriosa mujer. Hablaban los militares y los jefes de estado. Sabían que no podían descuidarse. Un alto General, con su amplia experiencia y sabiduría, dio con la única forma de poder acabar con ella…haciendo volar el planeta. Una bomba – dijo - que fuera accionada simultáneamente desde diversos puntos del globo, podría acabar con la especie humana y por ende con el flagelo que nos convoca. Se miraron todo entre sí en una extensa mesa redonda de cristal. Es evidente que la solución no sólo era lógica sino que es, además, altamente efectiva. No obstante, todos hablaron el mismo lenguaje mientras se miraban y comprendieron que lo que decía el General (aunque cierto), era descabellado: ¿Qué sentido tiene despojarse del mayor mal, pero sin poder disfrutar el triunfo?. Al militar se le envió en una misión especial, dijeron, al centro de la tierra para encontrar algún indicio de espacio habitable, ante la inminente catástrofe que jamás pasaría, y, cumpliendo con sus deberes de modo un feliz, por contribuir a la suya y a todas las patrias, se dirigió a las entrañas de la tierra. Los Consejeros se inclinaron por el bien de todos y luego por el bien de los demás, así decidieron, poniéndose a resguardo de ideas como ésta, acabar con toda arma. Al mismo tiempo optaron por despojarse de toda riqueza, pues cualquiera acumulación de esta significaba un peligro, por que, juntando poco y nada, cualquiera podía erigirse como el Rey del Mundo, el que al tiempo quedaría en bancarrota por el ilícito de la mujer. Mejor que nadie tenga nada – expresaron, aun con un dejo de soberbia, pero con la convicción de que ya nada podían hacer.
El mundo estaba en crisis, los gobiernos no tenían con que gobernar, las naciones no tenían con que atacarse. No había un mísero objeto de valor que valiera la pena. La Mujer de Goma se lo había llevado todo.
Y así estaba ella, sola y altiva sobre una montaña, contemplando su obra, sabiendo que lo tenía todo, que era más poderosa que cualquiera y que era del todo invencible. No obstante cayó en cuenta que tenerlo todo era como no tener nada. Que su anonimato, a esta altura, era un apostolado. Que erigirse como monarca única, no solo era insatisfactorio, sino que además le devolvía la calidad de fenómeno a la cual había renunciado y despreciaba absolutamente.
Entonces la Mujer de Goma renunció a su propia riqueza, se deshizo de todo cuanto había robado y destrozó todo bien con valor. Y corrió.
Corrió montaña abajo, atravesó valles y estepas. Cruzó los bosques, encontró caminos pedregosos que se convirtieron posteriormente en mantos de asfalto. Y mientras corría contemplaba las luces de una ciudad lejana que se iluminaba con el comienzo de la oscuridad. Y corrió. Y mientras lo hacía veía a su alrededor a la gente feliz, sin nada y preocupados todos, al fin, sólo por vivir. Y seguía corriendo y llegó al centro de la ciudad y observó que nadie procuraba hacerse de algo que no es propio y que ya las gentes ni siquiera querían lo propio. Y más corría y más corría hasta que divisó el Gran Circo y con desenfreno y casi sin aliento, llego a la puerta. Allí se detuvo.
Vio a lo lejos los payasos en los suyo, se percato de la ausencia de los animales. Observo a los hermanos Waldini dando vueltas por los aires. Contempló el romance entre la Mujer Barbuda y el Hombre Lobo. Y vio la felicidad del circo. Pero eso no le bastaba. Siguió, caminando y lo encontró a él, a Corales, afirmado en la máquina que hace algodones, contemplando sereno la luna. Advirtió que el rostro de este señor padecía la nostalgia de la soledad y que la luna sólo era una excusa para mirarse a si mismo. Entonces ella advirtió que la estaba pensando, que su ausencia era tortura para el ex dueño del circo.
Allí la Mujer de Goma pudo sentir el vacío, comprendió que era más poderosa que nunca y que lo que siempre quiso lo tenía en sus manos. Y hacia él se dirigía cuando cayo en cuenta que todo lo había empezado a hacer por ese tipo. Que había sido su motivo inicial. Se asustó al pensar que él la podía amar y comprendió que éste amar también sería una forma de robo, de despojar lo más valioso a otra persona, de acumular innecesariamente lo que no nos corresponde. Concluyó que dos pasos más allá todo podía comenzar de nuevo. Entonces nuestra elástica heroína dio media vuelta, salió del Gran Circo y se decidió a caminar errabunda y por siempre, entre los hombres y las mujeres de la tierra, que ahora estaban aprendiendo a ser felices.
Así fue que caminó, sola y errante, en busca de algo en la misma nada. Que luego se deslizó, agregan, por entre los banquillos de la Iglesia de Nuestra Señora de Lúcuma y obtuvo el cesto de las dádivas.
Luego todo lo demás.
Imparable, la mujer de goma, se escabulló por entre roticerías y tiendas de abarrotes. Por las oficinas de contabilidad y por los andenes y vagones, hasta llegar a la gran ciudad. Allí dio el primer gran golpe a la Corporación de Beneficencia. Efectivamente se benefició. Por las tardes lucía lujosa y por las noches era una dama alzada contra todo obstáculo material. Se hizo la vida robando, una y otra vez, sin que nadie pudiera siquiera acercarse a conocer su identidad. Un festín para la prensa, una personalidad incógnita y un mar de suposiciones. “La Mujer de Goma Ataca de Nuevo”, aparecía en los titulares de los periódicos toda vez que las casas comerciales amanecían límpidas y vacías.
Fue ganando adeptos y detractores. “Que nadie se escapa de la Ley”- vociferaban altos mandos policiales, políticos de toda clase y voceros de gobierno, pensando que con sólo enunciar aquellas palabras podían hacer desaparecer lo evidente. Que sus palabras podían ser antídotos, que ser y decir son una y la misma cosa. Creían. Pero en el fondo sabían que nada podían hacer y que sólo especulaban, como son sus costumbres. Luego un banco en la periferia, luego otro, el día antes del pago. Era imbatible venciendo obstáculos, rendijas, ventanilla y ductos. Evitaba con maestría censores de movimiento, alarmas silenciosas y sistemas de seguridad de todo tipo. Al final de ese año sucumbió el propio Banco Nacional y con ello vino la debacle. Estado de emergencia, declararon esta vez los mismos, no convencidos de nada y no convenciendo a nadie. Algunos decían que la habían visto, otros que eran amigos de la infancia. María, dijo uno que se llamaba, Rosa, sugirió un vecino cualquiera que apareció en el noticiario central viviendo sus 5 minutos de fama. Lo cierto es que no era ni María ni Rosa y que nadie le podía conocer. Los del circo jamás pensaron que podía ser ella y ya se habían olvidado de que una vez estuvo entre ellos.
Lo cierto es que nadie podía darle caza, era perfecta en el arte de la sustracción. Aeropuertos, centros comerciales, oficinas de impuesto, todo lo llevaba y saqueaba de un modo sutil pero, a éstas alturas, francamente espeluznante. La mujer de goma había renunciado a amar en pro del robo, por que el robo es la tuición total de las especies, todo para una persona y sin dar, por que el amar todo lo cede. Y no volvería a ceder.
La Iglesia ya no podía atribuirle tantas facultades a Satanás, sólo él podía cometer semejantes y recalcitrantes actos, sólo él podía persistir sin conato con el pecado. Por ello la mujer de goma también robó el Vaticano. Para probar que no, que también allí la mano humana todo lo puede. Luego la Iglesia se desdijo, no era posible que el demonio anduviera a rienda suelta en la Santa Sede. Así el mundo comenzó a especular. Si, tal vez, no era el verdadero demonio quien hurgueteaba en los tronos de San Pedro, si El Maligno no hizo uso de su soberbia facultad, pues éste o no era tan poderoso como lo pensaban o simplemente no es… Entonces si ésta maléfica creatura no existe, pues, su antítesis tampoco. Entonces vino la crisis de la fe y con ello la desobediencia. A nadie le interesa un infierno sin maestro de ceremonia. Nadie apostaba por el más allá. La Iglesia estaba en la banca rota.
El País Más Poderoso del mundo intentó hacer causa común, la acusó de terrorista, de enemiga pública, de traición. Pues bien, la dama sabía que no era ni eso ni más, entonces se decidió y contorsionándose por pasillos y hendiduras pudo entrar al Banco del Desarrollo del País Más Poderoso del Mundo y hacerse de todas sus reservas. Nadie lo podía creer. Ahora eran todos vulnerables. Las personas se refugiaban en sus casas, implementaban sistemas de tuno y otras protecciones propias del que no quiere perder nada. Pero toda posesión, hasta la más mínima estaba en peligro. Toda.
Los gobiernos hicieron exóticas alianzas contra la misteriosa mujer. Hablaban los militares y los jefes de estado. Sabían que no podían descuidarse. Un alto General, con su amplia experiencia y sabiduría, dio con la única forma de poder acabar con ella…haciendo volar el planeta. Una bomba – dijo - que fuera accionada simultáneamente desde diversos puntos del globo, podría acabar con la especie humana y por ende con el flagelo que nos convoca. Se miraron todo entre sí en una extensa mesa redonda de cristal. Es evidente que la solución no sólo era lógica sino que es, además, altamente efectiva. No obstante, todos hablaron el mismo lenguaje mientras se miraban y comprendieron que lo que decía el General (aunque cierto), era descabellado: ¿Qué sentido tiene despojarse del mayor mal, pero sin poder disfrutar el triunfo?. Al militar se le envió en una misión especial, dijeron, al centro de la tierra para encontrar algún indicio de espacio habitable, ante la inminente catástrofe que jamás pasaría, y, cumpliendo con sus deberes de modo un feliz, por contribuir a la suya y a todas las patrias, se dirigió a las entrañas de la tierra. Los Consejeros se inclinaron por el bien de todos y luego por el bien de los demás, así decidieron, poniéndose a resguardo de ideas como ésta, acabar con toda arma. Al mismo tiempo optaron por despojarse de toda riqueza, pues cualquiera acumulación de esta significaba un peligro, por que, juntando poco y nada, cualquiera podía erigirse como el Rey del Mundo, el que al tiempo quedaría en bancarrota por el ilícito de la mujer. Mejor que nadie tenga nada – expresaron, aun con un dejo de soberbia, pero con la convicción de que ya nada podían hacer.
El mundo estaba en crisis, los gobiernos no tenían con que gobernar, las naciones no tenían con que atacarse. No había un mísero objeto de valor que valiera la pena. La Mujer de Goma se lo había llevado todo.
Y así estaba ella, sola y altiva sobre una montaña, contemplando su obra, sabiendo que lo tenía todo, que era más poderosa que cualquiera y que era del todo invencible. No obstante cayó en cuenta que tenerlo todo era como no tener nada. Que su anonimato, a esta altura, era un apostolado. Que erigirse como monarca única, no solo era insatisfactorio, sino que además le devolvía la calidad de fenómeno a la cual había renunciado y despreciaba absolutamente.
Entonces la Mujer de Goma renunció a su propia riqueza, se deshizo de todo cuanto había robado y destrozó todo bien con valor. Y corrió.
Corrió montaña abajo, atravesó valles y estepas. Cruzó los bosques, encontró caminos pedregosos que se convirtieron posteriormente en mantos de asfalto. Y mientras corría contemplaba las luces de una ciudad lejana que se iluminaba con el comienzo de la oscuridad. Y corrió. Y mientras lo hacía veía a su alrededor a la gente feliz, sin nada y preocupados todos, al fin, sólo por vivir. Y seguía corriendo y llegó al centro de la ciudad y observó que nadie procuraba hacerse de algo que no es propio y que ya las gentes ni siquiera querían lo propio. Y más corría y más corría hasta que divisó el Gran Circo y con desenfreno y casi sin aliento, llego a la puerta. Allí se detuvo.
Vio a lo lejos los payasos en los suyo, se percato de la ausencia de los animales. Observo a los hermanos Waldini dando vueltas por los aires. Contempló el romance entre la Mujer Barbuda y el Hombre Lobo. Y vio la felicidad del circo. Pero eso no le bastaba. Siguió, caminando y lo encontró a él, a Corales, afirmado en la máquina que hace algodones, contemplando sereno la luna. Advirtió que el rostro de este señor padecía la nostalgia de la soledad y que la luna sólo era una excusa para mirarse a si mismo. Entonces ella advirtió que la estaba pensando, que su ausencia era tortura para el ex dueño del circo.
Allí la Mujer de Goma pudo sentir el vacío, comprendió que era más poderosa que nunca y que lo que siempre quiso lo tenía en sus manos. Y hacia él se dirigía cuando cayo en cuenta que todo lo había empezado a hacer por ese tipo. Que había sido su motivo inicial. Se asustó al pensar que él la podía amar y comprendió que éste amar también sería una forma de robo, de despojar lo más valioso a otra persona, de acumular innecesariamente lo que no nos corresponde. Concluyó que dos pasos más allá todo podía comenzar de nuevo. Entonces nuestra elástica heroína dio media vuelta, salió del Gran Circo y se decidió a caminar errabunda y por siempre, entre los hombres y las mujeres de la tierra, que ahora estaban aprendiendo a ser felices.
BREVE RESEÑA :
Cristian Lagos Troncoso. Escritor nacido en Hualpén. Obtiene la Licenciatura en Educación con Mención en Filosofía y con ello se dedica a impartir clases de esa disciplina. Ha participado en numerosos encuentros de poesía en la región y en el país (Descentralización Poética, CC Balmaceda de Santiago, Orillando el Bio Bio de Hualpén, Poesía de la Diversidad, Universidad de Concepción; Chile + Cultura, del Consejo de la Cultura).
Recibe el segundo lugar en el Concurso de Microcuentos organizado por la UBB. Tiene variadas publicaciones en revistas (El Río Suena, Artemisa) y otras publicaciones digitales (Ala Décima, Cuba; Revista Digital Periferia, etc.), además de vincularse al colectivo poético Tres Mujeres Nuevamente y sus Vástagos Cesantes, grupo que intenta difundir la poesía en distintos formatos de presentación y lugares no convencionales.
El año 2008 publica su primer libro de poemas “Las Apariciones de la Virgen de Lúcuma” en ediciones aPulso.
En 2009 publica por la misma editorial los cuadernos de bolsillo "Dos Pandemias Para Ti" (poemario) y "Seis Relatos para Agarrarle el Culo a la Muerte" (cuentos).
Es creador y editor de la Revista Nicotina.
Es creador y editor de la Revista Nicotina.
Presenta diversos escritos en narrativa, lírica y ensayo y tiene en preparación un libro con obras de teatro.
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El audio es un extracto de las conversaciones sostenidas con los escritores.
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entrevista a Roxana Heise
entrevista a Esther Mora
entrevista a Cristian Lagos
entrevista Mª Cristina Ogalde
Créditos
Realizadora y conductora: Ingrid Odgers
Dirección Cámara e Iluminación: Cavalerie Comunicaciones
Editora: Carola Peñailillo
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