INGRID ODGERS PROGRAMA DE LITERATURA EN TELEVISIÓN
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martes, 16 de febrero de 2010
miércoles, 28 de octubre de 2009
jueves, 3 de septiembre de 2009
Eli Neira - Santiago

Del Libro "Abyecta"
El tiempo no fue generoso con nadie
“Ningún prisionero recobró el equilibrio sexual. Depresiones, impotencia, insomnio...erotismo disperso en idiomas, lecturas, juegos, música y gimnasia”.
Jim Morrison
A nosotras las reinas,
a las que todos querían dar por el culo,
aunque nos doliera,
aunque nos atoráramos gritando que ¡No jetón!,
¡Te digo que no!
Nosotras,
caderas enfundadas en vinilo negro
y los ojos rojos
como dos semáforos.
Colocadas, borrachas, voladas, pero conscientes, compañero.
Nosotras,
las que empinadas en plataformas aleopardadas, ordenamos cada noche nuestra morena contundencia en complejas estructuras para sembrar el deseo
Nosotras,
divinas hasta la intoxicación,
violadas hasta el cansancio,
inspiramos poesías en bares asquerosos
Besamos en la boca
y le dimos de mamar, de nuestros pechos rabiosamente igualitarios,
a toda la sociedad de los
poetas-muertos-de-borrachos.
Nuestras camas fueros sociedades anónimas
y para qué decir lo abiertas.
Estrellas de noche, abortivas de día.
Nosotras,
las de entonces,
ahora estamos solas,
nuestros novios proxenetas encontraron trabajo
y se casaron con sus secretarias.
Ahora tienen úlceras y un vientre planetario.
Ahora nos dicen perras.
Ellos,
los fornicadores.
Algunos, se postulan para huevadas y en la micro vemos sus nombres en las paredes de los eriazos.
En tanto los poetas;
cargan mortificados y silenciosos la herencia insalubre de antiguas residencias prostibulares.
Pila de jetones
que creyeron que mientras más putas cogían eran mejores poetas.
Esos, ahora son funcionarios municipales y por suerte,
Por stress
Sus focos infecciosos ya no se erectan más.
Esos, resignados,
todas las mañanas,
relamen su fracaso en el seno de sus mujeres santas, que por santas
a esa hora
la piel ya les huele a detergente.
A esa hora los poetas - funcionarios
se convulsionan en los baños por la deuda hipotecaria,
y porque la santa tuvo un apetito terreno el otro día
y se compró una crema “carísima” ,
a ver si así se le recompone la ruina del rostro, mapeado por los excesos del poeta.
Los otros,
los verdaderos,
los bellos.
Esos animales hermosos que nos amaron a todas,
y que dejaron la vida en las plazas,
en las protestas, en cada vagina que besaron y mordieron.
Esos héroes insolentes
que arrancaban los jugos hasta de las piedras con sólo mirarlas,
se mueren de a gotas en los manicomios.
A ellos,
de pronto,
les aparecieron madres y parientes que no dudaron en encerrarlos. Los que tuvieron suerte,
alcanzaron a depositar su delirio en clínicas privadas,
los otros,
se fueron sin trámite a Avenida La Paz.
Como antes sobre nuestras piernas abiertas,
ahora duermen sobre sus excrementos.
El tiempo no fue generoso con nadie.
Tenían razón aquellos que nos asfixiaban..
Ni para los revolucionarios de gobierno,
ni para los intelectuales de derecha.
Menos para las reinas.
A nosotras, las reinas
tanto amor peregrino nos comió las puertas de la maternidad, , pero más que eso,
y que los abortos baratos
fue tanto maldito abandono
Lo que terminó por ahuecar nuestros cuerpos y nuestros corazones.
domingo, 23 de agosto de 2009
Cristian Lagos- Condemarzo

ESA SUBJETIVA CÁMARA DEL CINE INDEPENDIENTE
Esa que te mira
y deja mirar
la que se hace carne
la que dice que estas viva
la que habla por ti
la que muere cuando mueres
la aparición infame de tu fantasma
la que te captura al desnudo
en plano entero
por que estás en el peor momento de la historia
por que tienes una lágrima en technicolor
por que a veces vives más allá de la apariencia
por que lo humano huele a tristeza y vouyerismo
como una cama abandonada
y como cualquier mar
con marea en retiro.
Es cuando se calla el universo
y aparecen los rostros lascivos
del hambre y el despojo.
Es el abandono total
el exilio de ti y de tu propia casa
cuando alguien al fin, alguien
se muere de pena
tras una pantalla
en la impávida melodía del the end.
AHORA QUE POR FIN VINO EL VACÍO
Y resulta que a esta hora
a llegado el fin como vacío
y nada dejó en las manos,
ni en la cama ni el refrigerador.
La soledad abunda
y se ve tan sirena
sobre la mesa del comedor
los muebles duermen
la vajilla
los papeles
los países que fueron paraíso
está todo con sensación de ausencia
con la sensación de pasos en la arena
como casa sin las boletas de pago
sin el tedio de las ciudades
y sus paseos y sus plazas
infectadas de palomas fagocitas
y animales complejos
con pasaporte humano.
La cacofonía del color,
la jubilación de las flores
las pocas horas donde nunca pasa nada
donde intentas dormir
como si esa cama no fuera otra roca.
LA MUJER DE GOMA ATACA DE NUEVO
Así fue que caminó, sola y errante, en busca de algo en la misma nada. Que luego se deslizó, agregan, por entre los banquillos de la Iglesia de Nuestra Señora de Lúcuma y obtuvo el cesto de las dádivas.
Luego todo lo demás.
Imparable, la mujer de goma, se escabulló por entre roticerías y tiendas de abarrotes. Por las oficinas de contabilidad y por los andenes y vagones, hasta llegar a la gran ciudad. Allí dio el primer gran golpe a la Corporación de Beneficencia. Efectivamente se benefició. Por las tardes lucía lujosa y por las noches era una dama alzada contra todo obstáculo material. Se hizo la vida robando, una y otra vez, sin que nadie pudiera siquiera acercarse a conocer su identidad. Un festín para la prensa, una personalidad incógnita y un mar de suposiciones. “La Mujer de Goma Ataca de Nuevo”, aparecía en los titulares de los periódicos toda vez que las casas comerciales amanecían límpidas y vacías.
Fue ganando adeptos y detractores. “Que nadie se escapa de la Ley”- vociferaban altos mandos policiales, políticos de toda clase y voceros de gobierno, pensando que con sólo enunciar aquellas palabras podían hacer desaparecer lo evidente. Que sus palabras podían ser antídotos, que ser y decir son una y la misma cosa. Creían. Pero en el fondo sabían que nada podían hacer y que sólo especulaban, como son sus costumbres. Luego un banco en la periferia, luego otro, el día antes del pago. Era imbatible venciendo obstáculos, rendijas, ventanilla y ductos. Evitaba con maestría censores de movimiento, alarmas silenciosas y sistemas de seguridad de todo tipo. Al final de ese año sucumbió el propio Banco Nacional y con ello vino la debacle. Estado de emergencia, declararon esta vez los mismos, no convencidos de nada y no convenciendo a nadie. Algunos decían que la habían visto, otros que eran amigos de la infancia. María, dijo uno que se llamaba, Rosa, sugirió un vecino cualquiera que apareció en el noticiario central viviendo sus 5 minutos de fama. Lo cierto es que no era ni María ni Rosa y que nadie le podía conocer. Los del circo jamás pensaron que podía ser ella y ya se habían olvidado de que una vez estuvo entre ellos.
Lo cierto es que nadie podía darle caza, era perfecta en el arte de la sustracción. Aeropuertos, centros comerciales, oficinas de impuesto, todo lo llevaba y saqueaba de un modo sutil pero, a éstas alturas, francamente espeluznante. La mujer de goma había renunciado a amar en pro del robo, por que el robo es la tuición total de las especies, todo para una persona y sin dar, por que el amar todo lo cede. Y no volvería a ceder.
La Iglesia ya no podía atribuirle tantas facultades a Satanás, sólo él podía cometer semejantes y recalcitrantes actos, sólo él podía persistir sin conato con el pecado. Por ello la mujer de goma también robó el Vaticano. Para probar que no, que también allí la mano humana todo lo puede. Luego la Iglesia se desdijo, no era posible que el demonio anduviera a rienda suelta en la Santa Sede. Así el mundo comenzó a especular. Si, tal vez, no era el verdadero demonio quien hurgueteaba en los tronos de San Pedro, si El Maligno no hizo uso de su soberbia facultad, pues éste o no era tan poderoso como lo pensaban o simplemente no es… Entonces si ésta maléfica creatura no existe, pues, su antítesis tampoco. Entonces vino la crisis de la fe y con ello la desobediencia. A nadie le interesa un infierno sin maestro de ceremonia. Nadie apostaba por el más allá. La Iglesia estaba en la banca rota.
El País Más Poderoso del mundo intentó hacer causa común, la acusó de terrorista, de enemiga pública, de traición. Pues bien, la dama sabía que no era ni eso ni más, entonces se decidió y contorsionándose por pasillos y hendiduras pudo entrar al Banco del Desarrollo del País Más Poderoso del Mundo y hacerse de todas sus reservas. Nadie lo podía creer. Ahora eran todos vulnerables. Las personas se refugiaban en sus casas, implementaban sistemas de tuno y otras protecciones propias del que no quiere perder nada. Pero toda posesión, hasta la más mínima estaba en peligro. Toda.
Los gobiernos hicieron exóticas alianzas contra la misteriosa mujer. Hablaban los militares y los jefes de estado. Sabían que no podían descuidarse. Un alto General, con su amplia experiencia y sabiduría, dio con la única forma de poder acabar con ella…haciendo volar el planeta. Una bomba – dijo - que fuera accionada simultáneamente desde diversos puntos del globo, podría acabar con la especie humana y por ende con el flagelo que nos convoca. Se miraron todo entre sí en una extensa mesa redonda de cristal. Es evidente que la solución no sólo era lógica sino que es, además, altamente efectiva. No obstante, todos hablaron el mismo lenguaje mientras se miraban y comprendieron que lo que decía el General (aunque cierto), era descabellado: ¿Qué sentido tiene despojarse del mayor mal, pero sin poder disfrutar el triunfo?. Al militar se le envió en una misión especial, dijeron, al centro de la tierra para encontrar algún indicio de espacio habitable, ante la inminente catástrofe que jamás pasaría, y, cumpliendo con sus deberes de modo un feliz, por contribuir a la suya y a todas las patrias, se dirigió a las entrañas de la tierra. Los Consejeros se inclinaron por el bien de todos y luego por el bien de los demás, así decidieron, poniéndose a resguardo de ideas como ésta, acabar con toda arma. Al mismo tiempo optaron por despojarse de toda riqueza, pues cualquiera acumulación de esta significaba un peligro, por que, juntando poco y nada, cualquiera podía erigirse como el Rey del Mundo, el que al tiempo quedaría en bancarrota por el ilícito de la mujer. Mejor que nadie tenga nada – expresaron, aun con un dejo de soberbia, pero con la convicción de que ya nada podían hacer.
El mundo estaba en crisis, los gobiernos no tenían con que gobernar, las naciones no tenían con que atacarse. No había un mísero objeto de valor que valiera la pena. La Mujer de Goma se lo había llevado todo.
Y así estaba ella, sola y altiva sobre una montaña, contemplando su obra, sabiendo que lo tenía todo, que era más poderosa que cualquiera y que era del todo invencible. No obstante cayó en cuenta que tenerlo todo era como no tener nada. Que su anonimato, a esta altura, era un apostolado. Que erigirse como monarca única, no solo era insatisfactorio, sino que además le devolvía la calidad de fenómeno a la cual había renunciado y despreciaba absolutamente.
Entonces la Mujer de Goma renunció a su propia riqueza, se deshizo de todo cuanto había robado y destrozó todo bien con valor. Y corrió.
Corrió montaña abajo, atravesó valles y estepas. Cruzó los bosques, encontró caminos pedregosos que se convirtieron posteriormente en mantos de asfalto. Y mientras corría contemplaba las luces de una ciudad lejana que se iluminaba con el comienzo de la oscuridad. Y corrió. Y mientras lo hacía veía a su alrededor a la gente feliz, sin nada y preocupados todos, al fin, sólo por vivir. Y seguía corriendo y llegó al centro de la ciudad y observó que nadie procuraba hacerse de algo que no es propio y que ya las gentes ni siquiera querían lo propio. Y más corría y más corría hasta que divisó el Gran Circo y con desenfreno y casi sin aliento, llego a la puerta. Allí se detuvo.
Vio a lo lejos los payasos en los suyo, se percato de la ausencia de los animales. Observo a los hermanos Waldini dando vueltas por los aires. Contempló el romance entre la Mujer Barbuda y el Hombre Lobo. Y vio la felicidad del circo. Pero eso no le bastaba. Siguió, caminando y lo encontró a él, a Corales, afirmado en la máquina que hace algodones, contemplando sereno la luna. Advirtió que el rostro de este señor padecía la nostalgia de la soledad y que la luna sólo era una excusa para mirarse a si mismo. Entonces ella advirtió que la estaba pensando, que su ausencia era tortura para el ex dueño del circo.
Allí la Mujer de Goma pudo sentir el vacío, comprendió que era más poderosa que nunca y que lo que siempre quiso lo tenía en sus manos. Y hacia él se dirigía cuando cayo en cuenta que todo lo había empezado a hacer por ese tipo. Que había sido su motivo inicial. Se asustó al pensar que él la podía amar y comprendió que éste amar también sería una forma de robo, de despojar lo más valioso a otra persona, de acumular innecesariamente lo que no nos corresponde. Concluyó que dos pasos más allá todo podía comenzar de nuevo. Entonces nuestra elástica heroína dio media vuelta, salió del Gran Circo y se decidió a caminar errabunda y por siempre, entre los hombres y las mujeres de la tierra, que ahora estaban aprendiendo a ser felices.
BREVE RESEÑA :
Es creador y editor de la Revista Nicotina.
viernes, 24 de julio de 2009
Actividades Porque escribí
Fondo de Fomento del Libro y la Lectura
Nota
entrevista a Alejandro Ananías
entrevista a Roxana Heise
entrevista a Esther Mora
entrevista a Cristian Lagos
entrevista Mª Cristina Ogalde
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Editora: Carola Peñailillo
Presentación de Alejandro Ananías
Presentación Aida Esther Mora
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