INGRID ODGERS PROGRAMA DE LITERATURA EN TELEVISIÓN

INGRID ODGERS PROGRAMA DE LITERATURA EN TELEVISIÓN

Creadores del BíoBío de Chile

Presentamos a escritores y escritoras comprometidos con la Palabra que desarrollan su obra en la marginalidad lejanos a la academia y en su mayoría desapegados de cánones tradicionales contribuyen al desarrollo literario y cultural de nuestro BíoBío y de Chile. Este es el portal para la difusión de su pensamiento y de sus obras creadas en la silenciosa precariedad nacional.

lunes, 31 de agosto de 2009

Sergio Andrés Rodríguez Aranis - Chillán





LOS DÍAS SINCEROS


Después de todo
nada perdemos y mucho quizás llegue en recompensa
por imaginar el vuelo de un pájaro al otro lado del planeta

Y me importa
beber un trago en memoria de los hermanos muertos
pues luego viene la pipa de la paz con los ángeles
ya quel tiempo transcurre melodioso como una carta antigua
y la noche siempre llega temprano a mi puerta

De cada rincón se levanta el zumbido del silencio
me acerco a la ventana con una estrella humeante en mis dedos
pienso distintas cosas asuntos normales bajo cualquier perspectiva
desde el jardín me sonríe una sombra pasajera y azul

Tanto he fabricado en esta vida
parezco una plaza de pueblo en domingo
sin embargo y como puede verse
mi extensa soledad se ha agarrado a los pelos de mi cabeza
por más que me cubra de agua ella sobrevive
en toda su lúbrica desnudez

Sordo de mucha materialidad
compruebo ques saludable cerrar los ojos
ahí voy al encuentro de los íntimos secretos
los develo para olvidarlos con justicia
no de otra forma tendá urgencia el día de mañana

mañana que asumirá distinto nombre
mañana verdadero día universal
como es su costumbre


PARA UN ALMACÉN DE PUEBLO

Por cierto
camino y encuentro la sombra de un manzano
tendido sobre el pasto me dedico a imaginar un viaje a otros planetas
pero sólo llego hasta el almacén de Don Raúl
donde se puede comprar hilo y agujas lápices y sandías

Cuando llueve cierra un poco más temprano
se lava las manos prepara el mate
limpia los restos de pan encima de la mesa
luego se sienta a observar los fantasmas en su labor de fantasmas
desordenan las sillas esconden las llaves
a todo lo cual él responde con una sonrisa tranquila

Quizás han pasado los tiempos los relojes o los caballos del último arriero
pero él atiende su negocio de lunes a sábado así desde cuarenta años
honesto cotidiano su rostro es siempre el mismo
sólo que unas cuantas arrugas le hablan de la muerte
asunto que escucha mientras suma o resta números en un papel amarillo

Tendido sobre el pasto rojo del crepúsculo
lanzo preguntas al planeta Júpiter
sin embargo comienzo a chasquear mis dedos
tal y como me enseñara el viejo una tarde
de mil novecientos setenta y cinco



HÉROES

Los héroes no durmieron la noche recién pasada
los ví mientras caminaban por las certeras calles de la noche
su gusto fue reventar los tímpanos de alguna gente sobria
si mal no recuerdo eran canciones un poco olvidadas en el mundo

La tremenda algarabía acompañó un arreo de glorias viejas
ellos con la mejor vida danzante en los pómulos
no pudieron contra la horrible hecatombe del sol
la derrota asoma su nariz desde el arqueo oscuro

Pero beben todavía beben el alcohol que mana de los adoquines
aquí muy arrimados a mi ventana calculan vidrios
me miran como se mira la sordidez alegre de un hermano
y yo les cuento que otra vez ganamos cierta perdición en la tierra



HAMBRE


No es el durmiente del valle de Rimbaud
es un niño acostado sobre el pasto
de la plaza de armas de Chillán
dejó sus palabras en otra parte
ahora fue en busca
de las monedas de plata
que alguien arrojó dentro de su sueño

Las gordas señoras ocupadas señoras
muy del brazo en este paisaje
conversan sobre lo útil
que puede ser
un buen bolso
no sin antes guardar a seguro recaudo
la purulenta mierda el sobaco
la caducidad de sus ombligos

Pero él duerme sin pena ni gloria
encogido el cuerpo difuso anocheciendo
si usted se acerca con cautela
podrá ver en su frente
un caballo negro
saltando



APARICIÓN DEL SUEÑO


Con voz nasal con figura con tela

de antiguallas botadas a gigante

con claveles vestidos de elefante

egipcio adormilado en redondelas

con zapallo con ríos con estelas

de sapos haciendo de hierofante

con nada de nada con mil instantes

donde se abrazan el agua y la vela

aparece el sueño en bote de espumas

teatro ques dormido en calientes brumas

para la hostia de ningún pertrecho

pues lo que hoy navega no permanece

lo que será mañana ya envejece

en el cuerpo de nadie sobre el lecho



Andrés Rodríguez Aranís
De http://www.letras.s5.com/

Nació en Yumbel, el año 1967. De preferencia cultiva el soneto. Ha aparecido en diversas revistas literarias como "Francachela", "La Barca", y "El Glamal". Ha participado del primero y segundo Encuentro de Escritores Jóvenes, Poesía, Narrativa y Crítica de Fin de Siglo (Valparaíso - Viña del Mar, 1995; Chillán, 1996), y ha estado en Bolivia en el encuentro de todas las artes de Potosí, invitado por el poeta Jorge Campero.

Según los medios, y por malversación editorial, se considera un "Poeta Perdedor", pero se debe al colosal respeto por la tradición poética griega y romana., en sus propias palabras, aludo: "Hasta la fecha no he editado libros, aunque mi producción no cesa" (año 2006).

En el caso de mis referencias poéticas parten con la poesía Báquica, siguen con la Latina. Ya más cercano, Edgard Allan Poe, cuya marca en mi adolescencia es profunda. Actualmente me marcan Sergei Essenin, Trakl, Stephen Spender, Auden, Silvia Plath, Ted Hughes, y Artaud. Entre los chilenos mi favorito es Óscar Hahn, Huidobro, Teillier, Mistral, Rolando Cárdenas (nombrados en orden a mis preferencias)."

Mantiene inédito el libro "Del Tránsito de los Cuerpos", está pronto a publicar el libro "La Deshora Y Otras Muertes", bajo la rótula editorial "La Fábrica de Cuchillos", colección "Doble Filo".

Extraigo desde las cenizas el soneto "El Espíritu De Noche": "Tengo un espíritu lleno de noches/ que desordena lo que encuentra; y cualquier cosa es un derroche,/ de todos lados sale y entra.// El no lleva nombre o vestido,/ ni siquiera usa una blancura;/ pero lo siento cuando se ha ido/ el día, quedándome a oscuras.// Me ríe, me saluda, me mira,/ me desordena la cabellera/ con su mano fuerte y agitada;// De su corazón saca una lira/ jugamos la noche entera/ mojándonos en audaz velada." (Revista El Glamal, revista poética y de otras hierbas, nº 4, enero del 1998).





Brevísima Reseña:

Revista http://www.periferia.cl/ 2008
1994 - 1998 Participo en el Taller de Literatura y Escritura 'El Glamal'. Al mismo tiempo se edita parte de mi trabajo en diversas Revistas Literarias nacionales y extranjeras tales como LA BARCA, FRANCACHELA, POETRY, etc. Además formo parte del comité editorial de la Revista El Glamal.

Diciembre 1994 Soy invitado por la Fundación Huidobro a Cartagena. En la casa del Poeta leo algunos textos junto a Tomas Harris, Teresa Calderón, Erik Polhammer y otros.

Diciembre 1996 Participo de las JORNADAS DE LECTURAS. LITERATURA DE FIN DE SIGLO en Valparaíso.

1998 - 1999 Diversas lecturas en la Universidad de Concepción, casa central. Ponencia sobre la obra del Poeta griego Píndaro.

Enero 2000 Primer Encuentro Nacional de Poetas CHILLÁN POESÍA.

Enero 2001 Segundo Encuentro Nacional de Poetas CHILLÁN POESÍA.

Enero 2002 Tercer Encuentro Nacional de Poetas CHILLÁN POESÍA.

2001 - 2007 Lecturas en Yungay, Concepción, Yumbel, Talca, Santiago, Temuco, Los Ángeles, etc.

Octubre 2004 Viajo a Potosí, Bolivia invitado por el FIC (Festival Internacional de la Cultura). Segunda lectura en La Paz.

Febrero 2007 La editorial chillaneja independiente FÁBRICA DE CUCHILLOS, bajo la dirección del Poeta Patricio Contreras Parra, edita mi primer libro, DEL TIEMPO LA MUERTE Y OTRO QUEHACER, conjunto de sonetos.

Actualmente preparo mi segundo libro de poemas, LOS CUADERNOS DE CALÍGULA, pseuda biografía del emperador basada en el texto de Suetonio (en Revista Periferia 2008).

viernes, 28 de agosto de 2009

María Cristina Ogalde- Talcahuano





REALIDAD

La angustia es más angustia cuando me faltas tú
La angustia es más angustia cuando sueño que no estás
Es más angustia la angustia
Cuando despierto


El Pancho Loco

TALCAHUANO ciudad puerto, es un maravillosa ventana al Pacífico, puerto industrial y pesquero, eso lo tenemos muy claro, pero además Talcahuano es una ciudad con historia, rica en personajes mágicos y lugares ancestrales. En este libro queremos reencontrarnos con esos personajes y lugares. Hoy rescatamos de la memoria colectiva la presencia de: “el Pancho loco”. Quién no lo vio, en los años sesenta, recorrer las calles de Talcahuano con su atado de diarios sujetándolos a un costado de su enjuto cuerpo con una gruesa correa de color café. Su figura estaba encorvada por el peso de las noticias o por los muchos años vividos. Recuerdo que su rostro desgreñado poseía un ojo de color y un ojo emblanquecido, que inspiraba gran recelo a los niños. Lo que más impresionaba de este personaje, chorero cien por ciento, era su alucinante vozarrón con que anunciaba los diarios y lidiaba con los niños que lo molestaban. Dueño de una gran hiperkinesia, infundía terror, todos arrancábamos cuando llegaba al barrio. Tanto en el centro como en los cerros, en el Arenal o en Gaete, en el Morro o por el malecón. Los chicos más audaces osaban molestarlo lo que desataba sus iras, carreras iban, carreras venían, arrancando del “Pancho Loco”. A veces llevaba un palo en su mano, tal vez para apoyar su figura encorvada, que no medía más de un metro cincuenta y cuatro, confieso que desde la pequeñez de mi infancia, lo veía enorme y aterrador, ágil, capaz de alcanzarme hasta el propio patio de mi casa en la calle Infiernillo, que después pasó a llamarse Juan de la Cruz Tapia, frente a la laguna y a la cancha Macera, verdadero tierral que quitaba rapidez a mis piernas infantiles. Con el correr del tiempo, en el Liceo Fiscal tuve una amiga muy querida y por ahí por el tercer año fui a su casa en la Población Morgado, a pedirle unas tareas, y tamaña sorpresa me llevé pues quien me abrió la puerta era el mismísimo “Pancho loco”, con bata de levantarse y calzando pantuflas. No cargaba diarios ni tenía el palo en la mano pero con el mismo e inconfundible vozarrón me preguntó a quién buscaba, me quedé muda, mis neuronas juveniles estaban procesando la imagen que recibía, no sabía si salir arrancando o responder la pregunta, después del primer instante, con un dejo de admiración respondí. Mientras iban a buscar a mi amiga, pude comprender que “el Pancho loco”, era una persona, tenía una vida, una familia y un trabajo que desempeñó muy bien. Permanecen en mi retina las dos imágenes, el vendedor de diarios, a quien temíamos y el dueño de casa, abuelo de mi amiga.



Cementerios Simbólicos

Talcahuano, tiene su historia enraizada a hechos marinos: alegres, tristes o melancólicos. Existe uno que en lo particular produce honda nostalgia y seguramente para las familias involucradas profunda tristeza, me refiero a los cementerios simbólicos. Los conozco, he caminado en ellos, he visitado sus tumbas vacías y a través de los nombres en sus lápidas, he reconstruido historias imaginadas o no. Si bien es cierto en casi todos los puertos pesqueros del mundo (y he recorrido muchos) hay lápidas en memoria de los hombres que “se hicieron a la mar” , losas que no reflejan el dolor de las familias que eternamente esperan en la bahía el ser querido desaparecido, únicamente en mi puerto natal, he conocido los cementerios simbólicos que de una u otra forma ayudan a pasar el duelo entre el arrullo del mar, las caracolas, la marcha fúnebre de las gaviotas y las tumbas con una sencilla cruz de madera pintada de blanco custodiadas por firmes e incólumes flores plásticas de colores que testimonian su origen. Son: “El cementerio las cruces” que originalmente estaba enclavado en la cúspide del acantilado que bordea Monte Redondo en la bahía de San Vicente. Desde este precipicio rodeado de la vegetación mas hermosa y que hasta Talcahueñu debió caminar, se podía observar la majestuosidad del ancho mar como testimonio veraz de que el siniestrado hombre de mar no había sucumbido ante pequeñeces mas bien ante un gigante rugidor, apaleador de rocas, pero generoso como el vientre materno que lo arrulla hasta la eternidad. El progreso y urbanismo de mi tierra lo ha empujado cada vez más hacia el acantilado pero él, aferrado al monte se alarga hacia el mar en esa prolongación invisible de tumbas vacías. El otro cementerio simbólico se ubica entre los montes escarpados de la Península de Tumbes, alejado de las casas se hace silente refugio de las penas de los “tumbinos” que lloran a los idos frente a un túmulo engarzado de lustrosas cerámicas, donde por lo general se acopla una foto del difunto o la leyenda que refleje el dolor de los que quedan en tierra firme. Al leer las inscripciones se aprieta el corazón, casi siempre se repiten los apellidos, hermanos, padres e hijos, esposos y padres, esposos e hijos. Se plasma en mi imaginación la figura de una mujer arropada, sola, mecida y agrietada por el viento frente a un nicho ya sin lagrimas mirando al horizonte con una mano haciendo visera a sus ojos y la otra sujetando la mano de un niño pequeño que espera el regreso de su padre y su abuelo. El otro cementerio simbólico, es el de Caleta El Soldado que parece un púlpito de catedral. Está ubicado en un pequeño monte que se adentra en el mar y sus humildes cruces blancas se confunden con gaviotas que quieren alzar el vuelo hacia la inmensidad, sus sepulcros vacíos custodian el villorrio. El acceso es dificultoso, anuncia que los cuerpos amados nunca volverán a pisar tierra firme y prefieren como ultima morada la espuma salina que los vio nacer, crecer y morir. Los cementerios simbólicos con sus bóvedas vacías son como los faluchos en la bahía, como las calles de adoquines, como las áreas verdes, como la plazoleta María Isabel, parte de nuestra identidad.




Talcahuano, a horas de haber comenzado el invierno.


Superstición


El doctor iba a grandes zancadas por el corto camino rodeado de espesos matorrales que lo llevaba del pequeño hospital de madera y paja hasta la casa donde vivía desde que decidió irse al matogroso brasileño después de un desastroso matrimonio en el que por milagro salió vivo de las garras de su celosa mujer.


En el húmedo calor se sentía muy cómodo enfundado en sus impecables short y polera blancos.


--¡Qué tontera, cualquiera diría que tengo miedo! – pensó, recordando lo que le contara la paciente que había atendido recién.


--Sí, es verdad doctorcito – le había dicho la anciana – cuando una se muere de mordida de cobra, de una Jararaca, no es que se muera de verdad… se convierte en cobra… y lo único que queda es irse mato adentro alejado del mundo.


Por eso doctorcito usted tiene que ponerse botas y ropa larga…¡Tiene que protegerse!- había sentenciado su paciente en ese dialecto tan sonoro del ximbu, cerrando los ojos y quedándose perdida en los recuerdos de sus antepasados.


--¡Qué ridículo! ¡Pobre gente! Años de ignorancia son sus peores dolencias – dijo en voz bajita como temiendo que lo escuchara la enfermera que pasos más adelante al frescor de la vivienda le esperaba con una jarra de helado jugo de mango. De pronto sintió unas punzadas en la pantorrilla, miró hacia abajo velozmente y vio pequeños puntos sanguinolentos en mitad de la pierna. Con el rabillo del ojo alcanzó a ver parte del animal de colores rojizos y verdosos que reptaba rápidamente hacia los matorrales. Sintió un intenso dolor que subía por la pierna hasta la ingle. Trató de seguir caminando pero cayó con violencia al costado del estrecho camino, quiso ponerse de pie pero sólo consiguió quedar atrapado por los matorrales. Desde el suelo intentó mirar hacia la casa, sólo vio el verdor vegetal, volteó su cabeza y tampoco logró ver la construcción del hospital. Todo se volvió extraño, los ruidos se hicieron más fuertes hasta podía escuchar el latir de su corazón como una locomotora desbocada. Intentó moverse y no pudo, quiso extender la mano para alcanzar el camino y tampoco lo logró. Sólo vio los pies ágiles de la enfermera que pasaba hacia el hospital. Trató de hablarle, de gritarle pero de su boca no salió sonido. Se sentía inmóvil, liviano, somnoliento. Con esfuerzo consiguió mover una pierna comprobando con horror que ésta tenía un color rojizo-verdoso, llena de una especie de escamas que seguían inundándolo hacia la parte superior de su cuerpo.


--Estoy soñando, sí, eso me pasa, estoy soñando y de verdad pensé que me había mordido una serpiente.


Pasados unos minutos, la enfermera volvió por el mismo camino


--¡Doctor, doctor!-gritó haciendo eco con sus manos - ¿ Dónde está?, ¿ Dónde se fue? El jugo está en la mesa, se va a calentar con este calor.


De pronto dio un salto y corrió asustada, acababa de ver una Jararaca que desde el suelo le miraba fijamente. La serpiente huyó entre las matas.



EL HOMBRE


Caminaba con pasos cortos, cabizbajo, con apuro, apretando el portafolio de cuero negro en su pecho. Se confundía en el tráfago matutino del Paseo Ahumada. Era uno más entre la gente, pero, un buen observador notaría su rostro demacrado, parecía llorar sin lágrimas, tan acongojado como si llevara el peso del mundo sobre él. También un buen observador notaría el nerviosismo o temor con que apretaba su portafolio.


Tenía que llegar luego a las oficinas de la Alameda, entrar por el estacionamiento y subir directamente al despacho del General.


Desde pequeño había soñado con ser militar, desde siempre se sentía arrebatado por la vocación de soldado. En su infancia soñaba con proezas y heroísmos para su patria. Por eso se alegró cuando el general lo llamó esa mañana, a él, insignificante soldado encargado de trasladar papeles de una oficina a otra en “la gran casa de la Alameda”. Entró un poco desorientado y manos sudorosas de tanta emoción.


Se cuadró marcialmente frente a su General, el cuerpo lo sentía electrificado como si su uniforme de campaña, desprovisto de medallas y condecoraciones fuera la mismísima bandera tricolor que lo arropaba.


--Sargento, descanse- le dijo el General, con esa voz de mando, segura, autoritaria, que lo caracterizaba. El tronar de la orden lo caló hondo.


--Amigo ¿cuánto tiempo lleva usted trabajando en esta repartición? -inquirió el militar con voz más suave.


Tardó unos segundos en responder, se sorprendió, no esperaba que su General lo tratara de amigo con ese tono paternal, cómplice de confidencia.


--Señor, tres años y siete meses señor- respondió con voz fuerte escondiendo sus emociones.


--Hace tiempo he notado la dedicación y empeño con que realiza sus tareas sargento- le dijo el General sentándose en su sillón, magnífico, cómodo, repujado en cuero, detrás del amplio escritorio de ébano y mármol.


Quedó impresionado, no sabía si por lo que había escuchado o por ver a su General sentado detrás de ese altar imponente, mejor que el Papa en la Plaza de San Pedro.


--¿Cuánto hace que está en el ejército sargento?


Sintió que la voz le llegaba desde las nubes.


--Señor, quince años, señor – respondió, con voz ronca y alta.


--Hoy usted mi amigo prestará un gran servicio a la Patria, en estos tiempos de guerra, con tantos enemigos ocultos. Hay que ser firmes y leales para vencer a los comunistas amigos del marxismo extranjero.


Continuó escuchando, grabando en su memoria las instrucciones que le daba como en una catarsis, al término saludó, giró y salió de la oficina. Fue a su casa, se quitó el uniforme, se vistió de civil, abrazó a su esposa que lo miraba extrañada, sin preguntar nada. Esa mujer menuda que con su cariño silencioso le había salvado de tantas depresiones en estos tiempos tan duros e incomprensibles. Se tomó un café, total estaba en casa y aún había tiempo. La infusión no lo calmó, los negros pensamientos seguían acechándolo. No comprendía cabalmente la misión encomendada. Su cerebro trabajaba aceleradamente atando cabos, viendo más allá, descifrando las incógnitas. No lograba entender o tal vez no quería entender. ¿Por qué tenía que ir de civil hasta el sector de Recoleta? A una sucursal de banco extranjero le había dicho su General, no en un jeep del ejército ni siquiera en su auto y entregar los números que guardaba en el rincón más profundo de su memoria. El hombre trataba de desechar esa inquietud creciente, galopante en su interior. Hubiera preferido ir con uniforme. De civil se sentía desnudo, desamparado, huérfano.


Se dirigió al paradero más próximo y tomó la micro. En veinte minutos estaba en la calle Independencia, calculó la altura de la numeración y se bajó. La calle Recoleta se presentó a sus ojos, sombría, bohemia, apostadores consuetudinarios transitaban hasta el hipódromo.


Llegó al local y entró, más que banco parecía una oficina de abogados poco exitosos.


Se le acercó alguien con impecable traje oscuro a rayas. Le dijo parcamente:


--Vengo a hablar con Mister John, me está esperando.


En silencio le hicieron pasar a otra oficina, más amplia y menos iluminada, llena de computadores funcionando y hombres ídem. Alguien alto, rubio, delgado, de ojos azulinos se acercó y lo saludó en mal español, inmediatamente agregó:


--Si me da los números que trae, haremos el trámite inmediatamente.


El hombre se quedó parado, rígido en medio de la sala, tratando desesperadamente de buscar en su cerebro los fatídicos números y no encontró nada, todo estaba en blanco, podía sentir como la sangre recorría todas sus venas, quería moverse y no lo lograba, quería hablar y de su boca no salía palabra alguna. Como desde el fondo de un gran cuarto oscuro avanzaban lentamente recuerdos de rumores terribles, prohibidos entre la tropa que trabajaba en la “Gran casa de la Alameda”, de dineros, de fuga, de soldados desaparecidos, subversivos, “vendepatria”.


Qué difícil se le hacía reconocer ahora quiénes eran los enemigos. A este gringo, rubio, joven, impecable, que tenía enfrente, no sabía como clasificarlo. Una chispa en su interior sonaba como una alarma.


--Soldado, me da esos números- le dijo con cierta prepotencia el gringo.


Sin poder disimular del todo, con un ligero titubeo recitó de memoria los números aprendidos, mientras su interlocutor los anotaba con agilidad en una libreta, acto seguido se dirigió a un computador y comenzó a trabajar en él.


Se acercó y con el rabillo del ojo alcanzó a leer un poco la pantalla, eran números y cifras astronómicas, dólares americanos y un nombre se quedó incrustado en su frente “Banco Riggs”.


El rubio imprimió unas hojas, las tomó, revisó, cerró la pantalla, se adelantó hasta el escritorio, sacó un portafolio de cuero negro, introdujo las hojas y se las alargó al hombre.


--Listo - lléveselas al General.


Tomó el portafolio con manos temblorosas, se sentía fatigado, muy viejo. Con pasos lentos y cuerpo encorvado salió del local.


Encajaban todas las piezas de su misión secreta. Caminó hacia Independencia, atravesó el Mapocho, no tenía ánimo ni para tomar el micro, sentía punzantes dolores en todas partes, hasta en lugares que ni sabía que tenía pero lo que más le dolía era el alma.


Cuando llegó al Paseo Ahumada apretó con fuerza el portafolio a su pecho con temor a ser asaltado, continuaba sintiéndose desnudo sin su uniforme militar.


En la Alameda entró por el estacionamiento siguiendo las instrucciones, ingresó al despacho, le entregó el portafolio al General quien sonreía satisfecho.


Regresó a casa y en silencio tomó todos sus uniformes y al final del patio les prendió fuego como en un rito de expiación, besó a su mujer, miró a sus hijos, no se atrevió a tocarlos, se duchó, vistió la misma ropa, escondió los espejos y con el arma de servicio en la mano entró en el garaje.


Al otro día en los periódicos de la ciudad se leía el siguiente titular:


“El General se reúne con su Gabinete para planificar nuevas estrategias de superación de la pobreza en que dejaron al país los “comunistas”.


Y en un titular más pequeño, casi al margen de la página se puede leer:


“Un nuevo mártir para la Patria, un sargento cae en enfrentamiento con extremistas, más información en página 8”.






Breve Reseña:


María Cristina Ogalde (Talcahuano, 1954). Escritora, narradora, gestora cultural, nacida en Talcahuano, con estudios de Teología y Psicología en la Universidad Católica de Valparaíso, en la Pontificia Universidad de Roma y en la Universidad de Rio Grande do Sul, Brasil. Por más de veinte años se desempeña como misionera en España, Italia, Francia, África, Brasil. Escribió artículos en la Revista Mensaje y en diversas revistas europeas y latinoamericanas. Ha incursionado en talleres literarios de Brasil y estudiado la cultura escrita del Cordón de Favelas en Restinga. Desde el 2003 es editora de ediciones La silla, en la región del BíoBío y realiza investigación de identidad cultural y literaria en Talcahuano y la región . Es fundadora del Colectivo La silla, de Ediciones La silla, fundadora y Presidenta del Centro de Investigaciones Culturales La silla, creadora y directora de la Revista de Literatura digital PERIFERIA. Ha publicado en Chile, el libro de cuentos El musgo crece aún sin agua y Cuadernos de crónicas. Actualmente escribe un ensayo sobre la violencia contra la mujer en Chile y Latinoamérica. Activa gestora cultural del BIOBIO, ha sido miembro asesora del Centro Cultural Talcahueñu, es asesora de proyectos socio-culturales en el Centro Cultural Amigos por Talcahuano y la Union Comunal de JJVV de la ciudad puerto. Obtuvo Premio Consejo nacional del Libro y la Lectura 2008. Realiza y coordina talleres literarios y se desempeña como trabajadora en Organizaciones Comunitarias de la Municipalidad de Talcahuano.

Roxana Heise Venthur




Sueños beodos


Finalmente llegó; exhalando perfumes de fémina engreída desterrada del paraíso. Sus formas sinuosas, su cuerpo, toda ella, parecían esparcirse entre las paredes de la habitación, elevándolo hasta la cima de su espíritu hereje, para luego dejarlo caer, junto al fetiche oscuro de todos sus deseos.

Habían pasado siglos desde el último encuentro, ameritaba un brindis; sólo aquel salud podía enmendar su tristeza. La miró fijamente a los ojos, luego se acercó; ella sintió derretirse ante la danza rimbombante de sus sentidos, ante el calor de esas manos y el balanceo de sus huellas dactilares que sin dejar de tocarla, la volvieron suspiro exhalado por la noche.

Ella era más que el asombro, más que una boca trémula esperando por él; era la absolución de sus juergas paganas, una prueba irresoluta de eternidad, la concreción de sus sueños beodos y también el salvavidas de una existencia naufraga.

Rendido a su abrazo, recordó que el vino envejeció de esperarla y algunas copas se quebraron al contacto del invierno, cuando nada parecía tener sentido, salvo caminar su soltería bajo la lluvia, ultrajando los gastados zapatos de empleado público, entre las callejuelas de algún barrio rojo, con la remota esperanza de encontrarla. Durante las noches concurría a un bodegón, para ahogar su fatídico destino en una caña de vino de última cosecha. Porque no era fácil soportar la humillación, de haberse convertido lentamente en un maldito chacal de la burocracia. Afortunadamente aquel caos terminó: el esfuerzo de años se vio compensado por su bello departamento de estilo minimalista, y aquel bar de bambú que ella tanto admiraba y que confería cierto estilo a su cuello de gacela.

La miró pacientemente, intentando redescubrir cada una de sus formas, o capturarla tal vez en el fondo de su retina y dejarla para siempre prisionera de sus caprichos. Es que aún persistía el delirio de poseerla. Era tan bella, luminosa y burbujeante, pese a la frialdad que ardía en sus entrañas.

Palpó agitadamente su suave contorno y descendió por sus flancos hasta sentir vértigo. Le resultaba inevitable admirar su imagen viril desde el fondo de su transparencia. Atrás quedó para siempre el dolor del olvido, la sed de esperarla. Ahora sólo bastaba un llamado telefónico al almacén de siempre, para que llegara en manos de algún dependiente. Había logrado el sueño de su vida: recibir en casa a la mejor cerveza.


A QUEMARROPA


Padre nuestro que estás en el cielo, desde el infierno en que habito te imploro piedad, mientras descubro la luz que trasciende las tinieblas y digo: santificado sea tu nombre. Juro no fue mi intención actuar de semejante modo. Estoy agobiada y sólo deseo un poco de descanso para que, un día cualquiera, venga a nosotros tu reino.
Tu reino de perdón y misericordia, ajeno al silencio abismal que ahora me inunda. Ni una hoja se movería si no lo permitieras y cuanto sucedió aquel día siempre estuvo en tus planes. Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Abrí la alacena; saqué el vino añejo que guardaba por años, preparé la receta de comida árabe que tanto le gustaba. Estaba todo dispuesto para nuestro compromiso, pero faltó ese día y todos los malditos días de mi irónica vida. Faltó mientras caminaba por las calles de nadie buscando alguna respuesta, faltó mientras dormías con el rostro caído y la mirada perdida crucificado en un muro, incluso cuando escuchaste: perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Fue una pésima ocurrencia haber llevado la cinta a su apartamento esa noche y pedirle a la mucama una prueba del romance. Los celos me enloquecieron al mirar la grabación. ¡Cómo pudo engañarme con mi mejor amiga! ¿Y amarla de esa manera? Dios, seguro que no concurriste al sitio del suceso; seguías en aquella iglesia crucificado en el muro, ante el fervor de los feligreses clamando: no nos dejes caer en tentación. Me presenté de improviso, estaba solo esa tarde. Saqué el arma que llevaba en mi cartera como amuleto fatal y disparé a quemarropa directo a su corazón. Un hilo de sangre tibia manchó mi falda de lino. Aún lo escucho gemir: jamás me lastimarías, eres mi chica, recuerda, mi chica. Su cuerpo trasfigurado se desplomó a mis pies. Los dedos de su mano derecha intentaron asirse a mis tobillos antes de replegarse. Me miró con pavor. Temblé de frío y miedo, también de culpa. No era mi intención, lo juro por Cristo, por el amor que profeso a su memoria, por el amor que viviré por los siglos de los siglos, cuando vuelva a repetir: líbranos del mal. Amén.

Destino

Vienes como siempre, a las diez y quince, con aquella tenida de payaso dominguero y un saxo bajo el brazo por si cae algo. Reímos por las calles como dos perros vagos y la luz de los faroles comienza a iluminarnos. Dices que sí, que esta noche será la vencida, que hay amigos influyentes por ahí, apostando por ti y yo me río: te digo que es por un chiste que recordé, y me guiñas el ojo alegremente, como diciendo: vale, esta será la vencida. Pero aunque niegas reconocerlo, sabes que tu destino es tocar en los burdeles, oliendo a sexo barato y cigarrillo trasnochado; viéndome sólo a mi, cuando el frío de todos los inviernos te desgarre la garganta de tanto darle y darle, de esperanza en esperanza. Me preguntas qué me pasa, no entiendes que estoy divagando. Dices que aún vale la vida, porque estoy a tu lado, y me das justo en el pecho de loca desvergonzada. Aseguras que algún día el mundo verá tu talento, y te aplaudo en la avenida haciéndote una reverencia. La calle nos pertenece, mi bufón de pacotilla: mira como todos vienen a escucharte, y te dejan monedas que recojo en mi sombrero, y te aplauden cuando gritas: ¡esta será mi noche!, yo quisiera llorar, pero prefiero lanzarme alrededor de tu cuello y besarte con locura, como en un fin de mundo. La gente nos aclama, en un enorme alboroto. Los vecinos se aproximan, si hasta la policía aparece de improviso.
Cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...
Agacho la cabeza mientras entramos al carro policial. Le pido al matón aquel que nos deje en libertad y te devuelva el saxo, pero dice que no, por ofensas a la moral...Ofensas a la moral...ofensas a la moral...quién mejor que nosotros puede saber de eso, respondo en voz bajita, sólo por no atormentarte, pues sigues reza que reza: cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...entonces será mi noche. ¡Basta Rubén!- te suplico- ¡Basta de darle a los sueños!-. Sólo me respondes: Juan..., y quedas como volando...

Breve Reseña

ROXANA HEISE VENTHUR nació en Chile, 1964. Ha incursionado en la poesía, el cuento y la novela. Sus textos han sido incluidos en numerosas revistas literarias y paginas de internet de Chile y el extranjero. Su novela Frenético sosiego obtuvo Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile 2006. En 2001 obtuvo mención de honor en el Concurso de Cuentos Breves Alfred Hitchcock y forma parte de la antología de nuevos cuentistas hispanos Los magos del cuento. En 2002 su libro Imágenes prosaicas fue editado por Ediciones El Salvaje Refinado.

domingo, 23 de agosto de 2009

Bárbara Calderón - Concepción, Chile





Nombrarte
 




Quiero enumerarte en el silencio
transformada en calendario lunar
en reloj de arena
en aguja temblorosa girando detrás de las sombras.
Quiero volverme fracción de luz
y volcarme en el tiempo
sin manecillas ni campanadas.
Quiero verterme agua desde la greda
miel desde el cáliz
vino desde las ánforas
y caer en tu boca.
Sin voz ni sonido
bajar tus murallas
tocar tus veredas
rozar tus altares
Quiero trocar mis naranjales por tus brazos.
Tener atrapada tu silueta fantasmal entre los labios
y nombrarte:
Faraón del olvido
Flor de los desiertos
Piel de esfinge.



ESPEJO ROTO

Miles de fragmentos de espejo
devuelven
tu imagen multiplicada.
Desde cada uno de los trozos
te despides
y yo...
ya no sé qué hacer
con tantos adioses.



EN ESTO DE AMAR...


En esto de amar
hay algo de desnudarse
de sacarse la piel
de curtirla
con soles poco usuales.
Tiene un poco de fundirse
de olvido de sí misma
de renuncia
de estrujar la vida
destilando sudores
humedades
pálidas sensaciones desmayadas.
Hay algo de morir
de agonía
de agotarse de a poco
de no importa
de a pesar de todo.
En esto de amar
hay algo
de no amarse.

Breve Reseña:

Bárbara Calderon (Concepción, 1960). Enfermera Universitaria, autora de los libros Territorios de silencio, Alma de animala, Reloj de la luna hiena y Confuso incidente, Bárbara tiene poemas inéditos de un decimario que terminará próximo a fin de año. Integrante del Colectivo Tres Mujeres Nuevamente. Ha obtenido varias menciones honrosas en Concursos de Poesía.

Cristian Lagos- Condemarzo






















ESA SUBJETIVA CÁMARA DEL CINE INDEPENDIENTE




Esa que te mira
y deja mirar
la que se hace carne
la que dice que estas viva
la que habla por ti
la que muere cuando mueres
la aparición infame de tu fantasma
la que te captura al desnudo
en plano entero
por que estás en el peor momento de la historia
por que tienes una lágrima en technicolor
por que a veces vives más allá de la apariencia
por que lo humano huele a tristeza y vouyerismo
como una cama abandonada
y como cualquier mar
con marea en retiro.

Es cuando se calla el universo
y aparecen los rostros lascivos
del hambre y el despojo.

Es el abandono total

el exilio de ti y de tu propia casa
cuando alguien al fin, alguien
se muere de pena
tras una pantalla
en la impávida melodía del the end.




AHORA QUE POR FIN VINO EL VACÍO



Y resulta que a esta hora
a llegado el fin como vacío
y nada dejó en las manos,
ni en la cama ni el refrigerador.
La soledad abunda
y se ve tan sirena
sobre la mesa del comedor
los muebles duermen
la vajilla
los papeles
los países que fueron paraíso
está todo con sensación de ausencia
con la sensación de pasos en la arena
como casa sin las boletas de pago
sin el tedio de las ciudades
y sus paseos y sus plazas
infectadas de palomas fagocitas
y animales complejos
con pasaporte humano.
La cacofonía del color,
la jubilación de las flores
las pocas horas donde nunca pasa nada
donde intentas dormir
como si esa cama no fuera otra roca.



LA MUJER DE GOMA ATACA DE NUEVO




Dicen que atacó por primera vez cuando fue expulsada del Gran Circo. Y que tenía amores con el Señor Corales. Que éste era, además, el administrador y que, por despecho, aprovechó sus habilidades de contorsionista para robarle el traje, dejarlo en cueros y en ridículo absoluto.

Así fue que caminó, sola y errante, en busca de algo en la misma nada. Que luego se deslizó, agregan, por entre los banquillos de la Iglesia de Nuestra Señora de Lúcuma y obtuvo el cesto de las dádivas.
Luego todo lo demás.
Imparable, la mujer de goma, se escabulló por entre roticerías y tiendas de abarrotes. Por las oficinas de contabilidad y por los andenes y vagones, hasta llegar a la gran ciudad. Allí dio el primer gran golpe a la Corporación de Beneficencia. Efectivamente se benefició. Por las tardes lucía lujosa y por las noches era una dama alzada contra todo obstáculo material. Se hizo la vida robando, una y otra vez, sin que nadie pudiera siquiera acercarse a conocer su identidad. Un festín para la prensa, una personalidad incógnita y un mar de suposiciones. “La Mujer de Goma Ataca de Nuevo”, aparecía en los titulares de los periódicos toda vez que las casas comerciales amanecían límpidas y vacías.

Fue ganando adeptos y detractores. “Que nadie se escapa de la Ley”- vociferaban altos mandos policiales, políticos de toda clase y voceros de gobierno, pensando que con sólo enunciar aquellas palabras podían hacer desaparecer lo evidente. Que sus palabras podían ser antídotos, que ser y decir son una y la misma cosa. Creían. Pero en el fondo sabían que nada podían hacer y que sólo especulaban, como son sus costumbres. Luego un banco en la periferia, luego otro, el día antes del pago. Era imbatible venciendo obstáculos, rendijas, ventanilla y ductos. Evitaba con maestría censores de movimiento, alarmas silenciosas y sistemas de seguridad de todo tipo. Al final de ese año sucumbió el propio Banco Nacional y con ello vino la debacle. Estado de emergencia, declararon esta vez los mismos, no convencidos de nada y no convenciendo a nadie. Algunos decían que la habían visto, otros que eran amigos de la infancia. María, dijo uno que se llamaba, Rosa, sugirió un vecino cualquiera que apareció en el noticiario central viviendo sus 5 minutos de fama. Lo cierto es que no era ni María ni Rosa y que nadie le podía conocer. Los del circo jamás pensaron que podía ser ella y ya se habían olvidado de que una vez estuvo entre ellos.

Lo cierto es que nadie podía darle caza, era perfecta en el arte de la sustracción. Aeropuertos, centros comerciales, oficinas de impuesto, todo lo llevaba y saqueaba de un modo sutil pero, a éstas alturas, francamente espeluznante. La mujer de goma había renunciado a amar en pro del robo, por que el robo es la tuición total de las especies, todo para una persona y sin dar, por que el amar todo lo cede. Y no volvería a ceder.
La Iglesia ya no podía atribuirle tantas facultades a Satanás, sólo él podía cometer semejantes y recalcitrantes actos, sólo él podía persistir sin conato con el pecado. Por ello la mujer de goma también robó el Vaticano. Para probar que no, que también allí la mano humana todo lo puede. Luego la Iglesia se desdijo, no era posible que el demonio anduviera a rienda suelta en la Santa Sede. Así el mundo comenzó a especular. Si, tal vez, no era el verdadero demonio quien hurgueteaba en los tronos de San Pedro, si El Maligno no hizo uso de su soberbia facultad, pues éste o no era tan poderoso como lo pensaban o simplemente no es… Entonces si ésta maléfica creatura no existe, pues, su antítesis tampoco. Entonces vino la crisis de la fe y con ello la desobediencia. A nadie le interesa un infierno sin maestro de ceremonia. Nadie apostaba por el más allá. La Iglesia estaba en la banca rota.

El País Más Poderoso del mundo intentó hacer causa común, la acusó de terrorista, de enemiga pública, de traición. Pues bien, la dama sabía que no era ni eso ni más, entonces se decidió y contorsionándose por pasillos y hendiduras pudo entrar al Banco del Desarrollo del País Más Poderoso del Mundo y hacerse de todas sus reservas. Nadie lo podía creer. Ahora eran todos vulnerables. Las personas se refugiaban en sus casas, implementaban sistemas de tuno y otras protecciones propias del que no quiere perder nada. Pero toda posesión, hasta la más mínima estaba en peligro. Toda.

Los gobiernos hicieron exóticas alianzas contra la misteriosa mujer. Hablaban los militares y los jefes de estado. Sabían que no podían descuidarse. Un alto General, con su amplia experiencia y sabiduría, dio con la única forma de poder acabar con ella…haciendo volar el planeta. Una bomba – dijo - que fuera accionada simultáneamente desde diversos puntos del globo, podría acabar con la especie humana y por ende con el flagelo que nos convoca. Se miraron todo entre sí en una extensa mesa redonda de cristal. Es evidente que la solución no sólo era lógica sino que es, además, altamente efectiva. No obstante, todos hablaron el mismo lenguaje mientras se miraban y comprendieron que lo que decía el General (aunque cierto), era descabellado: ¿Qué sentido tiene despojarse del mayor mal, pero sin poder disfrutar el triunfo?. Al militar se le envió en una misión especial, dijeron, al centro de la tierra para encontrar algún indicio de espacio habitable, ante la inminente catástrofe que jamás pasaría, y, cumpliendo con sus deberes de modo un feliz, por contribuir a la suya y a todas las patrias, se dirigió a las entrañas de la tierra. Los Consejeros se inclinaron por el bien de todos y luego por el bien de los demás, así decidieron, poniéndose a resguardo de ideas como ésta, acabar con toda arma. Al mismo tiempo optaron por despojarse de toda riqueza, pues cualquiera acumulación de esta significaba un peligro, por que, juntando poco y nada, cualquiera podía erigirse como el Rey del Mundo, el que al tiempo quedaría en bancarrota por el ilícito de la mujer. Mejor que nadie tenga nada – expresaron, aun con un dejo de soberbia, pero con la convicción de que ya nada podían hacer.

El mundo estaba en crisis, los gobiernos no tenían con que gobernar, las naciones no tenían con que atacarse. No había un mísero objeto de valor que valiera la pena. La Mujer de Goma se lo había llevado todo.

Y así estaba ella, sola y altiva sobre una montaña, contemplando su obra, sabiendo que lo tenía todo, que era más poderosa que cualquiera y que era del todo invencible. No obstante cayó en cuenta que tenerlo todo era como no tener nada. Que su anonimato, a esta altura, era un apostolado. Que erigirse como monarca única, no solo era insatisfactorio, sino que además le devolvía la calidad de fenómeno a la cual había renunciado y despreciaba absolutamente.
Entonces la Mujer de Goma renunció a su propia riqueza, se deshizo de todo cuanto había robado y destrozó todo bien con valor. Y corrió.
Corrió montaña abajo, atravesó valles y estepas. Cruzó los bosques, encontró caminos pedregosos que se convirtieron posteriormente en mantos de asfalto. Y mientras corría contemplaba las luces de una ciudad lejana que se iluminaba con el comienzo de la oscuridad. Y corrió. Y mientras lo hacía veía a su alrededor a la gente feliz, sin nada y preocupados todos, al fin, sólo por vivir. Y seguía corriendo y llegó al centro de la ciudad y observó que nadie procuraba hacerse de algo que no es propio y que ya las gentes ni siquiera querían lo propio. Y más corría y más corría hasta que divisó el Gran Circo y con desenfreno y casi sin aliento, llego a la puerta. Allí se detuvo.

Vio a lo lejos los payasos en los suyo, se percato de la ausencia de los animales. Observo a los hermanos Waldini dando vueltas por los aires. Contempló el romance entre la Mujer Barbuda y el Hombre Lobo. Y vio la felicidad del circo. Pero eso no le bastaba. Siguió, caminando y lo encontró a él, a Corales, afirmado en la máquina que hace algodones, contemplando sereno la luna. Advirtió que el rostro de este señor padecía la nostalgia de la soledad y que la luna sólo era una excusa para mirarse a si mismo. Entonces ella advirtió que la estaba pensando, que su ausencia era tortura para el ex dueño del circo.
Allí la Mujer de Goma pudo sentir el vacío, comprendió que era más poderosa que nunca y que lo que siempre quiso lo tenía en sus manos. Y hacia él se dirigía cuando cayo en cuenta que todo lo había empezado a hacer por ese tipo. Que había sido su motivo inicial. Se asustó al pensar que él la podía amar y comprendió que éste amar también sería una forma de robo, de despojar lo más valioso a otra persona, de acumular innecesariamente lo que no nos corresponde. Concluyó que dos pasos más allá todo podía comenzar de nuevo. Entonces nuestra elástica heroína dio media vuelta, salió del Gran Circo y se decidió a caminar errabunda y por siempre, entre los hombres y las mujeres de la tierra, que ahora estaban aprendiendo a ser felices.

BREVE RESEÑA :


Cristian Lagos Troncoso. Escritor nacido en Hualpén. Obtiene la Licenciatura en Educación con Mención en Filosofía y con ello se dedica a impartir clases de esa disciplina. Ha participado en numerosos encuentros de poesía en la región y en el país (Descentralización Poética, CC Balmaceda de Santiago, Orillando el Bio Bio de Hualpén, Poesía de la Diversidad, Universidad de Concepción; Chile + Cultura, del Consejo de la Cultura).

Recibe el segundo lugar en el Concurso de Microcuentos organizado por la UBB. Tiene variadas publicaciones en revistas (El Río Suena, Artemisa) y otras publicaciones digitales (Ala Décima, Cuba; Revista Digital Periferia, etc.), además de vincularse al colectivo poético Tres Mujeres Nuevamente y sus Vástagos Cesantes, grupo que intenta difundir la poesía en distintos formatos de presentación y lugares no convencionales.


El año 2008 publica su primer libro de poemas “Las Apariciones de la Virgen de Lúcuma” en ediciones aPulso.
En 2009 publica por la misma editorial los cuadernos de bolsillo "Dos Pandemias Para Ti" (poemario) y "Seis Relatos para Agarrarle el Culo a la Muerte" (cuentos).
Es creador y editor de la Revista Nicotina.
Presenta diversos escritos en narrativa, lírica y ensayo y tiene en preparación un libro con obras de teatro.

martes, 11 de agosto de 2009

Van-Ra - Lota, Chile




Desaparece
La figura de la mujer
desapareció
y mi mano extendida
como la de un mendigo
mientras la gente
se acerca al gesto.

Donoso

En el petróleo
que mueve
la noche
somos tan iguales
como gato
negro
el lugar sin límites
somos nosotros.



La Vida Instrucciones de Uso (Perec)

¡Tránsito suspendido!
Bajen de sus
zancos
y tomen
asiento
en el techo
mojado
de sus comodidades..
sin esconder
¡por supuesto!
los andamios
de verguenza

FALSO

Estar pensando todo el día cuando llegará el día es insoportable.
Estar pensando todo el día cuando llegará el día es enfermizo.
Estar pensando todo el día cuando llegará el día es ridículo.
Estar pensado todo el día cuando llegará el día es patético.


Soy insoportable, enfermizo, ridículo y patético
Soy enfermizo, ridículo, patético e insoportable
Soy ridículo, patético, insoportable y enfermizo

Como una babosa
Como una vaca
Como un burro
Como un loco

Estoy cavilando
Estoy pensando
Estoy barajando
La posibilidad
Que todo sea
F A L S O




Saber

Ser un observador
minimiza tú cuerpo
y lo agranda
quien te observa.



Principio

La literatura
no duerme.



Espía

Me veo en la tele
que está apagada
solo cuando no
escribo.



La Revolución de las Moscas

Esta obra, inútil como material de referencia para sordos descarriados, y no videntes mendigos, tiene un sitial importante en la escena literaria del sur del bío-bío.

Trata de un intento suicida por demostrar que comer moscas puede ser un ejercicio libertario para la salud mental del ciudadano plástico. Sucedió en el corral cotidiano de un mediodía bancario y tuvo instantes de traspaso; de un schok delirante que cambió la mediocre vida en un destello. En lo efímero quedaron unos actos en el manual:

1.-Ud. solo ponga actitud de refinado desconcierto en la fila del banco o de la financiera donde adeuda el semestre de cuotas.


2.-No olvide sonreírle al guardia cuando de puntillas, con sus brazos en firme militar, ud. eleve su mandíbula y pegue el primer mordisqueo virtual al mantel pálido de la escenografía sórdida que ofrece el skech bancario.


3.-No se preocupe del número que lo adelanta, él o ella, siente las mismas ganas tímidas de bajarse los pantalones y cagarle el piso al hotel del dinero. Ni siquiera piense en el engominado que lo precede; él tiene el calzoncillo barnizado por una leve colitis producto de su ardua tarea de siútico ejemplar.


4.-Identifique fríamente los elípticos movimientos supuestos de la mosca que husmea la sala y trate hermenéuticamente de saber lo que piensa.


5.-Ría con soltura esquizofrénica con intervalo de quince segundos anunciando la febril-cazadora locura.


6.-No hable. Murmure un arroyo llenos de dientes cariados.


7.-No permita que las miradas desorbitadas de los corderitos razonables iluminen sus oscuras zonas que lo protegen al acecho.


8.-Cuando sienta que la fila se alarga, se estira, languidece por el susto inicial, muerda el aire y engulla la nada circundante en un profundo trance de beneplácito digestivo.


9.-No trance. La mosca existe. Ud. tiene hambre. Ud. tiene derecho sobre ese insecto de mil ojos que graba el desmembramiento hediondo de su existencia.


10.-Pegue el siguiente mordisco con insinuante rugir para que las cámaras registren su performance sublime.


11.-No atienda las descompuestas miradas de las cajeras ni las humillantes contemplaciones de los ejecutivos que comienzan gestualmente a ironizar el atentado. (La complicidad del anverso es suya).


12.-Haga que el sudor lubrique la escena y empuñe furioso el ocio del nuevo ataque.

13.-Rájele el telón al medio día financiero con un pequeño pero estridente grito al nuevo mordisco y no deje de usar su hocico animal con hinchazón ocular descontrolada.(gestualice la inmaterial desobediencia).

14.-Cuando el freno social lo acorrale y sienta la mano carcelaria del guardia en su brazo, muérdalo, arránquele el brazo, triture el abismo y crea en ello el sustancioso aletear de la mosca mientras la engulle.


15.-No utilice más que la fuerza mandibular para contener la escena al límite y cuando sienta la humedad roja calentarle la dentadura, suelte la presa y sin levantar un brazo, vuelva más airado y descontrolado contra su omitida mosca imaginaria gritando como una cerda pariendo un odio terrible y precoz.


16.-A esa altura su estupefacta audiencia habrá notado que el miedo tiene cueva. Habrán remecido el sentido práctico de su angustia y olvidaran extorsionarse el marginal principio de respeto que les queda.

17.-En un segundo ud. será el comandante de un furioso ejército come moscas, destrozándoles las gargantas a los gerentes del dinero. Saltaran sobre los cajeros, caerán sobre los escritorios en un oval aletear, gozaran de la mierda viva, metamorfeados en moscas, dúctiles al hedor-descontrol y listas a poner sus patas inmundas en los centros financieros del mundo. Llenas, satisfechas de excrementos.




Breve reseña

Escritor, narrador, poeta, gestor y director de organizaciones culturales de la zona del carbón. Miembro del colectivo "Los Búfalos Felices"; artistas plásticos y poetas de Coronel.

2008 Beca de creación literaria Consejo Nacional del Libro

2006 Tercer lugar con el cuento “Sixto” en el segundo concurso nacional de cuentos, revista Grifo Universidad Diego Portales, Chile.

2003 Finalista en la octava edición del concurso de cuentos “Todos somos diferentes”, Fundación de derecho civil España.

2001 Primera mención honrosa Nacional con el cuento “Amado”, concurso Historia de Patos Buenos, división de organizaciones sociales gobierno de Chile.

1991 Segundo lugar, primera feria nacional de la creatividad, Chile. (Universidad de Chile).

Aída Esther Mora - San Pedro





VIA TELEFONICA
Carmen Villena Torrealba, una mujer extraordinariamente agradable de mirar y escuchar, esperaba con impaciencia que su amado la llamara. Lo hizo, pero tan brevemente que ella quedó con todas las palabras agazapadas dentro de su boca. Más tarde, la llamó de nuevo y fue directo y casi violento en decirle que no estaba solo, que había alguien de su familia y ella de dijo “a mi que me importa”, desafiándolo un poco. Tal vez por eso no la llamó ninguna vez más.
Carmen le mandó un correo electrónico donde le decía claramente que “cuando estás en remojo” es decir “mareado”, a ella se le diluía el amor y pedía discernimiento necesario para que la razón la asistiera. En realidad, lo que necesitaba no era eso, necesitaba tomar la decisión de dejarlo. Pero le ocurría cierto fenómeno o como se habrá de llamar a una desesperación de las más absolutas de sólo pensar que se prohibiría para siempre de él, que ya no sería suyo. Era en ese preciso momento, cuando su mente desesperada atraía a los demonios que siempre la estaban rondando sin verlos, pero los percibía en el viento que producían mientras danzaban cerca de ella y le ofrecían telepáticamente también, “ayuda”, en esa ayuda que pueden dar ellos, beligerantes y agresivos al máximo. Entonces, la incitaban a acuchillar sus venas y así acabar “con todo” es decir con ese estado extremadamente insoportable en que se le convertía el cuerpo instalado en esta situación telefónica. Así, al fin su alma, su mente podría descansar del sufrimiento que le producía estar lejos de él, las culpas que le rondaban, las desavenencias de siempre y girando con insistencia como grandes murciélagos en torno a ellos sin darles descanso ni paz en ningún instante. Por más que había invocado a sus ángeles protectores como le había señalado una amiga Estela Vielma, éstos al parecer ya no se presentaban por ningún lado, tal vez, pensaba afligida que había abusado en sus peticiones y les había cansado.
Carmen decidió abandonarse. No llamó a Luis Montiel, prometió no hacerlo no lo buscó ni lo buscaría nunca más, al fin se liberaría, pero si buscó con mucha rapidez las pastillas para el insomnio, si, estaban allí, prestas a ayudarla. Cerca suyo danzaban dos demonios y sonreían satisfechos del trabajo bastante fácil que efectuaban ahora por las vías telefónicas y otros tipos de comunicadores terrenales.


La Lapa
Mi prima Disnelia siempre me contaba sus intimidades, decía que yo tenía carisma de psiquiatra y como ella no tenía dinero para ir a ver uno, prefería contarme a mí sus cuitas y conflictos sin solución, arriesgando en ello que yo contara alguna de sus historias si me gustaban como para escribirlas.
De lo que si estaba segura era que no la iba a andar “pelando” porque como yo no tenía amigas, (soy del tipo introvertido y solitaria por opción) eso era bien difícil.
Disnelia, era a los treinta y nueve años una mujer aún atractiva y su airecillo intelectual, sumado a una feminidad marcada, la convertía en seductora. Ella me había contado que le gustaban los hombres “mayorcitos” no había podido descubrir a que se debía esta inclinación, habíamos tratado de analizarlo juntas y podía ser que necesitaba sentirse protegida por alguien más maduro que ella o bien era su vanidad que le decía que con un hombre mayor se iba a ver mejor que con uno de su edad o más joven, aunque en este análisis no se tomaba en cuenta que los misterios del amor datan desde la prehistoria cuando las mujeres sentían placer cuando las arrastraban tomadas del pelo unos barbudos que olían a puerco.
Lo más curioso de todo es que la última vez que nos vimos en el Café Astoria, hoy desaparecido de Concepción, me contó que tenía un amante y que estaba más enamorada que nunca. Mi amiga no se había casado, su suerte estaba echada el día que esperaba a un hombre que había conocido por Internet y venía a casarse con ella y el avión no llegó, cayó al mar. Posteriormente, los intentos por casarse no se vieron coronados por el éxito, porque ya no se usaba hacerlo, las parejas vivían uno junto al otro, pero no se casaban ni aún si llegaban hijos.
Luego Disnelia pasó a relatarme cuál era la preocupación de este momento, me dijo:
-Yo no sé que es lo que le encuentro. Jamás me dice una palabra amable, nunca me ha regalado ni siquiera un par de pantys. Tampoco se preocupa si mi presupuesto anda bien o mal. Nada de nada. Lo que a mi me gusta, te lo digo honestamente…… es la forma de besar…te besa como si se estuviera despidiendo para siempre. Y tú sabes todas las películas de guerra que he visto, me encantan. Los romances esos eran terribles, al despedirse se despedazaban esos seres. Bueno, así besa él, como si se fuera a ir a la guerra. Es apasionadísimo y sabes también para qué…pues….. para enojarse. Oh! Dios cuando se enoja, agárrate. Otra de sus características es…. es taimado, es de los que se “amurra”, una mula y un burro son dóciles ante él, mientras no te hinques y te vea con las rodillas en el suelo, o le dices que te vas para siempre, ahí empieza recién a reaccionar un poquito. Lo triste o lo frustrante es que en el amor, ese que se “hace” y se escribe con mayúsculas“ entre dos” yo…..yo, yo, dijo Disnelia.
-Que te cuesta tanto decir, le pregunté.
-Yo no puedo alcanzar el éxtasis con él….-dijo dificultosamente.
-Bueno, y que esperas entonces para dejarlo.
-Es que yo no estoy sólo por “eso” con él -contestó y continuó hablando como para si misma: es un apego que va más allá de lo sensual, concluyó Disnelia.
-Mmm.. -dije, -no te entiendo, te trata menos que regular, es medio fome en casi todo, tiene un carácter de los mil diablos, no alcanzas el clímax con él y entonces que esperas para dejarlo?
-Y cómo sabes que no es problema de él si no mío, es mi tranca, mi trauma o tal vez mis hormonas no me funcionan, se me adelantó la menopausia tal vez. O sea, que me excito mucho con él, con su voz, tiene una voz de macho recio que me vuelve loca. Ah, tampoco le gusta escucharme demasiado, no le gusta que le hable de otras personas que no sea de mí y de él exactamente. Me corta de inmediato, dijo un tanto apesadumbrada mi amiga.
-Ah ¡no!, le dije, es un coartador de la palabra femenina además!!. Acaso tú eres - frígida?
-No, no, me excito bastante por lo tanto yo no soy frígida, pero no puedo “subir “ o “llegar” o “terminar” como le dicen.
-Y entonces que le coloca a la relación, me podrías decir?
-Tal vez…. .el romance.
-Y con eso te conformas? -pregunté.
-Si yo creo que sí, me siento muy unida a él, aún cuando no puedo decirte que la unión sea totalmente placentera, me siento muy cómoda a su lado, es como si fuera parte de él, no necesitamos conversar…..me di cuenta que soy…. .una ”lapa”.
-¡Una lapa! …¿y que vas a hacer?, -digo con la voz llena de espanto y sin poder creer lo que está revelando y lo grave que está esta mujer, la lapa humana.
-Pues que mientras siga como “su lapa”, no puedo dejarlo, -contestó.
-Oye -le pregunto, -¿estás enamorada? Mi amiga agrandó los ojillos muy redondos de “lapa” y no respondió.
FIN


EL TELAR DE LOS DIAS
Las mujeres vamos plasmando el telar de los días en el barro,
en las risas del agua,
en cortinas infantiles de llantos
en cocinas humeantes y ollas a punto de zarpar.
Desde allí esta voz,
cruzará la puerta con su canción
antes que ella venga y tamborilee su baile entre mis huesos
decretando ausencia
antes que desbarranque mi aliento hacia el infinito
antes que ella desbarate el día
con su engarfiada invitación.
Después seré un suspiro en el oído
un rayo de sol penetrando ventanales marchitos
una sonrisa estacionada en una fotografía
una luz en el temporal del corazón
y acomodaré habitaciones poéticas en el álbum de los recuerdos
como una flor aplastada en un libro.
Por eso
y por alguna sin razón ignota:
hoy
voy a cantar.


Breve Reseña:
Aída Esther Mora.(Santiago, 1953). Es narradora, poeta, y activa gestora cultural, posee estudios en Ciencias Naturales y Sociología en la Universidad de Concepción.
-Es miembro de la Sech nacional
-Co-fundadora del Sindicato de escritores del BíoBío
-Co-fundadora del Centro Cultural Ceres en Concepción.
-Es creadora y directora de la Revista de Literatura Artemisa.
-Realiza talleres literarios para todo público
-Figura en diversas publicaciones colectivas y ha participado activamente en Centros Culturales de la región del BíoBío y del Maule.
-Como gestora cultural obtuvo Premio Consejo Nacional del Libro 2007, con el Proyecto “Nuevas ediciones de Revista Artemisa”
- Concede sus derechos de autor de “La Reina de la Miel y otros cuentos” para el Proyecto de la JUNJI, “Colorín Colorado este cuento ha comenzado” Proyecto Audiovisual que es llevado a Cuba por sus gestoras Patricia Ortiz y Angela Bedoya, quienes en base a este trabajo de Televisión Educativa, formulado por ellas, obtuvieron el Premio Clementina Serra. Sus cuentos infantiles fueron distribuidos en Cuba, México, Venezuela y Panamá.
Publicaciones personales.
• Chiloé y el Olvido, Poemas, 1992.
• “El Duende Donde”, Guión para Teatro de Niños”, Ediciones Vitral, 1998.
• “La Reina de la Miel”, cuentos infantiles, ediciones Artemisa, 2004.
• "Vivencias un Bebé", mensuario, Ediciones Artemisa, Concepción, 2003.
• “A partir de un HAIKU” Libro minimalista, Ediciones Artemisa, 2009. Editor Osvaldo Caro – Impresos mil amores.
• “De poemas en el café”, Ediciones Artemisa, 2009. Editor Osvaldo Caro – Impresos mil amores.
• “El tomate tímido” adivinanzas, ediciones Artemisa, 2008.
• “El sofá color pistacho” nouvelle, ediciones Artemisa, 2009. Editor Osvaldo Caro – Impresos mil amores.
Otras publicaciones:
• Revistas y diarios de Calbuco, Talca y Linares con poemas y
artículos culturales.
• “Náufragos Vigilantes”, 1993, antología de poetas linarenses.
• “Taller 94”, “Taller 95”, edición del trabajo literario anual colectivo de la Dirección de Extensión la Universidad de Concepción.
• Revista de Poesía “Hoja Verde”, Santiago, Mayo de 1996.
• Revista “ Maule 21”, publicación de un cuento, “Infinita Clara”, Talca, Noviembre 1997.
• Antología de la Asociación de Escritores del Bío-Bío, ASEB, Noviembre 1997.
• “La Palabra Viaja por los años niños”, Antología de escritores regionales, Ediciones. Vitral, Julio 1998.

Distinciones
• V Concurso de Poesía “Vicente Huidobro”, Soc. de Escritores Jóvenes de Linares, Segundo Lugar, Octubre 1993.
• Primer Concurso Regional de Cuentos “Dolores Pincheira”, 1994, SECH, Mención Honrosa, Concepción, 1994.
Exposiciones de Pintura
• Taller de Pintura del Museo de Arte y Artesanía de Linares, Linares,
Colectiva. 1990.
• Colectiva, en Biblioteca Municipal de Longaví. Centro de Extensión Cultural de Longaví. 1992.
• Colectiva, en Salón del Municipio de Colbún, Colbún, 1992.


Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Creando Chile
Fondo de Fomento del Libro y la Lectura

Nota

El audio es un extracto de las conversaciones sostenidas con los escritores.

entrevista a Alejandro Ananías

entrevista a Roxana Heise

entrevista a Esther Mora

entrevista a Cristian Lagos

entrevista Mª Cristina Ogalde

Créditos

Realizadora y conductora: Ingrid Odgers
Dirección Cámara e Iluminación: Cavalerie Comunicaciones
Editora: Carola Peñailillo


Presentación de Alejandro Ananías

Presentación Aida Esther Mora

LITERATURA CHILENA

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